Por Félix Cortés Camarillo

Desde hace tiempo, desde que no tenemos a quien vender el voto,

este pueblo ha perdido su interés por la política,

y si antes concedía mandos, haces, legiones, en fin todo,

ahora deja hacer y solo desea con avidez dos cosas: pan y circo.

Decimo Junio Juvenal, Sátiras

Tiene razón el poeta en su lamento de que los romanos del tiempo inicial de nuestra era hayan renunciado a su derecho innato a hacer política preocupándose sólo por satisfacer su hambre de alimento y de diversión. Pero tienen razón los pueblos todos que permanentemente demandan ambos bienes: la Revolución Francesa detonó porque no había pan. “que les den pasteles” dicen que dijo María Antonieta. La carencia de circo no ha conducido a estallidos semejantes, pero tiene como consecuencia pueblos frustrados y tristes; desde luego, incultos.

Estamos a punto de cumplir un año, el sábado, del caso cero del Covid 19 en nuestro país; eran los tiempos en que el gobierno no tenía la menor idea de las consecuencias de esa infección. A ser honestos, nadie en el mundo tenía entonces idea de que nos iba a pasar lo que nos está pasando.

Ahora, lo que nos está pasando es que los mexicanos, que a diferencia de los romanos nunca han tenido interés en la participación política que vaya más allá de la torta y el refresco, la cachucha y la camiseta o el voto al mejor postor, ya está sintiendo de manera intensa la ausencia de pan, que tiene muchas manifestaciones.

Hay centenares de miles de mexicanos que han perdido su trabajo o cerrado sus empresas pequeñas y medianas por la crisis económica que ha venido en la cauda de la pandemia. El desplome económico está a punto de transformarse en una erupción social; no tarda en resurgir el tema de los grupos armados en lugares diversos del país.

Pero el asunto es el circo.

La mayor parte de los mexicanos involucrados en el negocio del espectáculo están pasando las de Caín, suponiendo que Caín las hubiera pasado muy mal: a Abel le fue peor. Sí, los grandes empresarios de las dos cadenas exhibidoras de películas en México están quebrando. En ello arrastran a los boleteros, proyeccionistas, vendedores de lo que se llama esquilmos – de las palomitas y hot dogs a las sodas y los caramelos- personal de limpieza y seguridad, etc.

En donde el asunto es más grave es en el caso del teatro, la empresa madre del entretenimiento que abastece de actores, directores, técnicos y otros etcéteras lo mismo al cine que a la televisión o cualquier otra disciplina relacionada. El teatro en México está a punto de morir.

Una óptica mezquina y obtusa considera que la convivencia a sana distancia de los espectadores del teatro es más peligrosa de contagio que las latas de sardinas que son los vehículos de transporte público. La única ideota que el gobierno ha sugerido, es que hagan teatro en las calles.

Los productores de teatro, que siguen perdiendo dinero y pagando impuestos le están pidiendo a las autoridades, especialmente de la capital del país, que les abran la posibilidad de darle circo a estos romanos que van a empezar a pensar políticamente, especialmente rumbo a las elecciones de este año.

PREGUNTA para la mañanera, porque no me dejan entrar sin tapabocas: con todo respeto, señor presidente, ¿le cae de madre que su contrarreforma se tiene que aprobar sin cambiar ni una coma?

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