Por Carlos Chavarría

¿Pues no nos quejábamos tanto de los levanta dedos que se hacen llamar diputados y que protestaron defendernos… o a quién iban a defender?

Que todo se transforme, pero que siga igual, mandando el presidente de turno sobre todo su muy noble y buen señorío.

La bien poco honorable cámara de diputados aprobó en el pleno la contra reforma energética que mandó Bartlett y que firmó el presidente López Obrador para poder regresar a los tiempos cuando estuvimos en manos de una partida de burócratas infectados de una displicencia y codicia incontrolables, convirtiéndolos de golpe en parte de la corte de señores con los que tendremos que congraciarnos, si acaso queremos que las cosas avancen.

En contra de evidencias científicas y realidades económicas inobjetables que están moviendo al mundo en una dirección que nos aleje de la dependencia de fuentes no renovables de energía, los diputadetes le extendieron un cheque en blanco y el poder sin límite a la persona y firma de Bartlett para que haga y deshaga a favor del pasado que tanto añoran y que nos sumirá en la más absurda de las contradicciones económicas.

A pesar de que ya lo vivimos y sabemos que los gobiernos son pésimos administradores, como también está probado que es mejor que el gobierno controle a un particular cuando presta un servicio público a que sea el gobierno el ente a controlarse por sí mismo.

Cuando el peso de la realidad nos dice que el gobierno no tiene recursos financieros o técnicos para entrarle al problema del abasto de energía de corto, mediano y largo plazo, razón por la cual se debe atraer capitales privados del mundo, nuestros diputados le siguen el juego a una partida de improvisados.

Ya sabemos lo que sigue. Vendrá una ola de amparos de todos los incautos que creyeron el cuento de la reforma energética y la Suprema Corte quedará como la mala de la novela que no por resolver el asunto, sino para darle largas y extender los plazos fatales y condiciones que no conducirán sino a energía más cara, sucia, y a profundizar las pérdidas de la CFE y PEMEX a costa de la sociedad.

El péndulo de la historia nos mostrará de nuevo que no somos más soberanos cuando el gobierno y las pandillas burocráticas de turno se apropian, operan, controlan y mandan sobre cualquier recurso, servicio o proceso. Pero esas camarillas se van y dejan la casa tirada para que otro empiece con el mismo ciclo.

Government is like a baby. An alimentary canal with a big appetite at one end and no sense of responsibility at the other. (Reagan  1965)