Por Félix Cortés Camarillo

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Si la pandemia le vino al presidente López como anillo al dedo para desviar la atención de los problemas serios que va generándole a México con su política de intolerancia, división y caprichos imperiales, la torpeza para implementar la campaña de vacunación en contra de este flagelo debiera ser un golpe en la línea de flotación del acorazado de las llamadas preferencias populares en las encuestas. Concebida como una campaña de difusión política y reclutamiento disfrazado en los llamados Servidores de la Nación -ay, Morelos, no te vuelvas a morir- no puede dejar tranquilos a los que todavía guardan cierta simpatía por el tono populista del presidente.

Frente a ese reto, el propio López Obrador se ha inventado un molino de viento contra el que no puede luchar porque él mismo lo pretendió hacer incuestionablemente invencible: Félix Salgado Macedonio en su papel de indiscutible candidato de Morena a la gubernatura del estado de Guerrero, y su proceso de que “como te digo una cosa te digo la otra” con el supuesto partido del presidente en el papel de la Chimoltrufia.

No me queda duda de que no hay en México político alguno que quisiera ocupar en este momento un puesto de dirección en el simulacro de partido que se llama Morena, cuando su alma, esencia y mando supremo, los trae a todos del tingo al tango; pareciera que debieran consultar a una cartomanciana para que les descifrara qué es lo que realmente quiere el presidente López que hagan.

¿Deben acaso seguir con el proceso de defenestración del impresentable proyecto de candidato, abriendo las posibilidades a otras opciones menos peores? o acaso ¿se espera de ellos una maroma de circo grande para ratificar al sujeto, sospechoso de una extraña cercanía con el presidente?

Que lo averigüe Vargas. O esperar que del cielo les llegue la noticia.

Por lo pronto, la campaña de vacunación contra el Covid-19 sigue existiendo solamente en las fotos tendenciosas y las afirmaciones falaces socavando la supuesta popularidad de López Obrador. La verdad, como implícitamente reconoció el presidente López el lunes a Joe Biden, es que no hay vacunas. Y como de la misma manera el presidente de Estados Unidos evocó, seguramente sin conocerlo, a Don Teofilito: ni las habrá.

PREGUNTA para la mañanera, porque no me dejan entrar sin tapabocas: con todo respeto, señor presidente, ¿el “encapsulamiento” de las manifestantes feministas refleja su actitud hacia las mujeres?