Por Carlos Chavarría

La salida que busca Bartlett para allegarle más recursos a la CFE tiene dos vías. La primera es el uso intensivo de combustóleo y la segunda poco a poco elevar las tarifas o cargos para todos.

La mayoría de las plantas de CFE son de ciclo combinado, diésel, carbón y fueloil o combustóleo. El combustóleo es el subproducto de la destilación del petróleo, entre más pesado el aceite, más combustóleo se genera. La mayoría del petróleo mexicano es de tipo pesado y PEMEX lo produce en abundancia.

Parecería muy inteligente usar un desperdicio para producir energía eléctrica, pero no lo es. El combustóleo y sus residuos después de la combustión son en extremo corrosivos y eso reducirá la vida útil de las plantas de la propia CFE y elevará sus costos de mantenimiento. Los efectos ambientales son terribles y están a la vista. Por aquí no hay salida sostenible para la CFE.

Las plantas que queman gas para generación son más eficientes térmicamente, pero el gas se tiene que importar porque se abandonaron las inversiones en nuevos yacimientos. Tampoco hay salida por aquí.

Si cualquier persona toma su recibo de electricidad de su casa o negocio y los estudia en el tiempo, por ejemplo, los últimos 4 años, se percatará que gracias a un sistema tarifario engañoso y complejo la CFE ha ido aumentando los precios y cargos por la electricidad para todos y muy por arriba de la inflación para balance de carga constante. Las empresas no se quejan porque ellos lo cargan a sus costos y se acabó el problema, pero los hogares no tienen esa oportunidad.

Por aquí está la salida que busca Bartlett, sin embargo, para subir los precios tendría que eliminar toda competencia en generación y como es lógico los generadores o autogeneradores pondrían en ridículo a la CFE.

Recordemos que con las leyes de energía como están antes de la contrareforma que quiere Bartlett, es bien fácil controlar a CFE y a cualquier productor o autogenerador privado, una vez regresando al gobierno todo el negocio, será imposible controlar a la CFE, los privados serían sólo maquiladores de la propia empresa.

Todos queremos que México sea autosuficiente en materia de energéticos, en eso no se equivoca el presidente López Obrador, pero la suficiencia energética, en estos tiempos, no nada más es una cuestión de cantidades, sino de tener precios competitivos y un servicio de distribución continuo y de calidad.

Por supuesto que la CFE y PEMEX pueden ser capaces de cumplir de forma competitiva con la demanda de energía del país, pero, así como la inversión privada requiere incentivos para realizarse, también a la inversión pública en materia de energía deben aplicarse incentivos para competir con los servicios substitutos en la materia.

No obstante, si a una empresa pública o privada se le subsidian todas sus ineficiencias, si a sus trabajadores se les recompensa sin relación alguna con los resultados y nada más por cumplir a secas o mal, y si los administradores de las mismas ocupan sus cargos solo en virtud de sus relaciones personales y no por el logro de objetivos concretos de alto valor agregado, es casi imposible que se mejore su rentabilidad.

En este último punto todos los presidentes que hemos tenido se han mostrado titubeantes y poco decididos a cambiar a fondo el estado de las cosas dentro de esas dos muy importantes empresas y han preferido pasar los problemas a las administraciones siguientes. Hoy no es la excepción.

No sólo no se le borró ni una coma a la contra reforma presidencial, sino que se pretende que la primera energía a facturar sea la que produce la CFE, que es la más cara, lo que significa transferir más recursos desde los hogares y hasta esa empresa, lo cual es un contrasentido mayúsculo porque se supone que la idea es beneficiar a los hogares o en general, ¿o se trata de salvar a la CFE pero hundir a los hogares?