Por Félix Cortés Camarillo

“Mis amigos son unos sinvergüenzas

que palpan a las damas el trasero…”

Joan Manuel Serrat, Las Malas Compañías

Para el jueves que viene, ya todo será ese olvido que llamamos historia.

Las placas de acero que en el Zócalo hoy rodearon por fuera a las manifestantes del feminismo más o menos organizado, para “protegerlas” de las tres docenas de vándal@s que el mismo gobierno tolera que se infiltren a todas las marchas pacíficas para hacer destrozos y descalificar a los marchantes, con la quema simbólica de una puerta de Palacio.

Para el jueves que viene, el ocho de marzo será una fecha más del calendario cívico: fue el día internacional de la mujer. Después de todo, una autoridad que escapa a mis entendederas se apropió de la asignación de días a causas y personajes. Así hay el día del peluquero, de la bandera, del fotógrafo o de la madre, hasta 365 días de guardar. Con todo respeto, en reversa, a todas las madres, todos los fotógrafos, mi única bandera y los queridos peluqueros.

Guardaremos para un año más a partir de mañana, que Renata mi hija cumple 19, la causa de las mujeres. De la misma manera que solamente nos acordamos que tenemos madre cada día décimo de mayo. Y el palacio de hierro que se hizo en torno al presidente López, estará guardado en alguna bodega del inexistente Estado Mayor Presidencial.

Va a persistir, sin embargo, la discriminación de nuestras mujeres. Esa que se traduce en primer lugar en el asesinato en México de diez mujeres cada día. Y que se extiende a las diarias golpizas intramuros por esposos o amasios, y tiene una expresión económica en la diferencia de sueldos según la entrepierna: a trabajo igual, salario igual, dice la venerada Constitución, que por condición de género es diariamente violada.

Con un agregado mediático. La interpretación del feminismo como un machismo invertido. Un día sí y otro también despierta la memoria de señoras hoy decentes que de pronto recuerdan que hace veinticinco años alguien les dijo que se veía muy bien, que ese vestido le quedaba, o tal vez que sí aceptaría compartir un café, una copa, una cena, un baile, una cama con él. Eso se llama genéricamente acoso sexual, equiparable a penetración.

El cubrebocas ya se integró definitivamente al atuendo indispensable de los hombres, como los calzoncillos: ya no podemos salir sin ellos. De la misma manera tenemos que guardar en el baúl de la memoria el elogio a las mujeres, el piropo elegante o el inicio de un ligue, que a tantos de nosotros nos ha conducido a felices alianzas erótico sentimentales. Como las malas compañías de Serrat. Como los libros para niños del Dr. Seuss o Pepe Le Pew, el zorrillo de la caricatura que quiere seducir a un gato negro al que le cayó pintura blanca en su lomo y la confunde con una hembra de su especie. Todo puede considerarse acoso sexual.

Tal vez la única característica que nos es común a todos los humanos es que fuimos paridos por mujer. Respetémolas pues.

Con medida, y sin blindajes de hierro.

PREGUNTA para la mañanera, porque no me dejan entrar sin tapabocas: con todo respeto señor presidente: me llegó un chisme de que un tal Ángel Muñoz Obrador, si haber terminado la educación media superior es Director en la Secretaría de Comunicaciones y Transportes simplemente por ser sobrino suyo. Yo estoy seguro que esto es una falacia. ¿O no?

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