Por Félix Cortés Camarillo

“Déjelo que me pegue,

para eso es mi viejo.”

Decir de mexicana

Hay mexicanos que pensamos todavía que la imposición imperial del presidente López como futuro gobernador inevitable del estado de Guerrero en la persona de Félix Salgado Macedonio equivale al inicio del descenso en la popularidad de Andrés Manuel. Estamos totalmente equivocados.

Es cierto que el desprestigio del candidato de Morena a la gubernatura es enorme, pero también lo es que las demandas penales en su contra no han sido tomadas en serio por las autoridades judiciales ni por el partido que inventó el presidente López. Estamos frente a un fenómeno de historia prolongada y profundas raíces en la ética de los humanos. Y eso incluye a las mujeres; toda su vida han sido educadas -como lo fueron sus madres y sus abuelas y todas sus antecesoras- en la cultura del sometimiento de ellas a sus padres, maridos, amantes e hijos. Con la condición de que sean hombres y por ese único privilegio.

Y no es una historia reciente: sólo la sociedad agrícola primitiva, que asentó a los humanos sapiens en un territorio que dio origen a la propiedad privada fue un matriarcado en el que el proveedor entregaba el producto de su caza a la mujer, administradora del bien común. Muy pronto comenzó el predominio del hombre, dudoso siempre de la paternidad de los hijos de su mujer.

Ciertamente hemos avanzado mucho durante el siglo que ya tiene veinte años de fenecido; desde luego las conquistas cívicas de las mujeres deben ser tomadas en cuenta, pero la igualdad de géneros sigue siendo una meta lejana y de logro difícil. Desde luego que mi conducta de joven y adulto ha reproducido los patrones que le aprendí a mi padre y a los mayores que circundaron, y mis hijos están contaminados de los vicios que yo mismo cultivé, pero la diferencia de esas conductas es sin duda notable y se refleja en las reglas que la sociedad se viene dando paulatinamente.

El cambio no podrá darse de manera súbita ni de efecto inmediato. Necesitamos más de una generación para que la discriminación por género sea sustituida por una relación de igualdad de oportunidades, responsabilidades, derechos y privilegios. Con el implícito peligro de caer en el machismo a la inversa. Ya se ha sabido que en las manifestaciones de algunos grupos feministas se discrimina a los hombres que se atreven a esbozar una presencia solidaria. Vamos, ni siquiera soportan reporteros o camarógrafos que sean varones. Esa es tal vez una estupidez mayor que el machismo opresor.

Seguramente Salgado Macedonio será gobernador de Guerrero: guarda tal vez entre sus preciados secretos algo a lo que el presidente López teme que se sepa. O, tal vez, estamos simplemente frente a un capricho imperial de los que hemos visto ejemplos abundantes en estos dos años del quebranto a nuestra deseada democracia. Y de los que nos falta por ver.

PREGUNTA para la mañanera, porque no me dejan entrar sin tapabocas: con todo respeto, señor presidente: ¿está el remdesivir entre los medicamentos que le fueron administrados a usted durante su breve tránsito por el Covid 19? Si así fue, ¿por qué no se dio a conocer? Claro, aunque parece efectivo, es bastante cariñoso.

‎felixcortescama@gmail.com