Por Eloy Garza González.

Las tensiones entre Samuel García y Luis Donaldo Colosio terminarán por desfondar el proyecto de Movimiento Ciudadano para Nuevo León. Quien estira de más la cuerda de los rencores, la rompe. Y Luis Donaldo y Samuel son un rencor vivo.

Ambos se olvidan que cuando no queda otro camino más que la complicidad, los odios y agravios personales se guardan en el fondo del cajón.

Y lo acepten o no, Luis Donaldo y Samuel son cómplices. No les queda de otra. Al menos por los días que le restan a esta vertiginosa elección.

Enrique Alfaro, gobernador de Jalisco y principal mecenas de la campaña de Samuel, endosa cheques y cubre facturas; pero debería además sentar en la misma mesa a estos Caín y Abel norteños para que firmen un tratado de paz. O al menos una tregua. Y les arrebate de las manos la quijada de burro con la que ambos hermanos rijosos quieren darse con todo, en la cabeza. Esto, desde luego, si Luis Donaldo acepta el pacto de no agresión, porque es el más repelón y peleonero de este dúo dinámico.

Evidentemente Colosio ya huyó de facto de MC, y se apalabró con otros padrinos de ocasión en la Ciudad de México. Tanto bronceado le quitó a Colosio la piel naranja y ahora la cara se le tornó sospechosamente morena.

Ojalá Samuel García se mida en sus gastos de campaña, y al mismo tiempo se mida en su imagen de redes sociales, ahora tan deslavada; porque todo exceso pasa factura. Imposible además que un candidato a gobernador saque los gastos de campaña de su propio bolsillo, como nos quieren hacer creer en MC.

Y ojalá que Luis Donaldo entienda que no es Samuel sino él mismo quien empuja a los dos al precipicio. Y que en el fondo del barranco ya no importará quién tuvo la culpa o quién pedirá perdón por haberle metido la zancadilla al otro. O de plano que nos digan de una vez por todas quién de los dos es Abel y quién es Caín. Al menos para saberlo y quitarnos el pendiente.