Por Javier Treviño.

@javier_trevino

En agosto de 1985 llegué a la Universidad de Harvard. Después de haber concluido mis estudios de licenciatura en relaciones internacionales, en El Colegio de México, gané una beca Fulbright y fui admitido en la Escuela John F. Kennedy de Gobierno, en la maestría en políticas públicas.

Fue una experiencia extraordinaria. Muy difícil, competitivo, estricto, demandante, el programa estaba diseñado particularmente para estudiantes estadounidenses. Era muy estructurado.

El primer año era obligatorio tomar cursos de microeconomía, macroeconomía, estadística, econometría, análisis de decisiones, análisis político y organizacional.

En el segundo año ya se podía incursionar en un área de concentración. La mayoría de los estudiantes extranjeros preferían estudiar la maestría en administración pública, porque era mucho más flexible.

En el primer semestre tomé un curso excepcional, “P-100 Formulación de políticas públicas: filosofía y práctica”, con Robert B. Reich. En el centro de la discusión estaba siempre el dilema entre la función del servidor público: ¿debería ser sólo un analista de las políticas o un promotor y defensor de las políticas públicas?

Unos años después me encontré con Bob Reich, en una de las reuniones de la Comisión Binacional México-Estados Unidos, en el Departamento de Estado en Washington.

Reich era Secretario de Trabajo de la Administración Clinton y yo era Subsecretario de Relaciones Exteriores de México, de diciembre de 1994 a enero de 1998. Mantuvimos un diálogo y cercanía que ayudaba a nuestros países. Reich, de regreso en la academia, ha sido un activo promotor y defensor de políticas públicas en sus escritos.

Su libro más reciente es “The System: Who Rigged It, How We Fix It” (“El sistema: quién lo manipuló, cómo lo arreglamos”


Robert B. Reich/ Twitter

Ahí ofrece una amplia crítica de los males políticos y económicos de Estados Unidos. Hace un análisis de la corrupción y la desigualdad económica. Reich centra la primera mitad del libro en el sector financiero. Derriba los argumentos de capitalistas neoliberales.

Revela cómo las instituciones bancarias, el cabildeo poco ético y el fenómeno de la puerta giratoria de políticos y reguladores que ingresan al sector privado han erosionado la democracia y han creado una pequeña oligarquía que intenta comprar el sistema político.

Ayer leí en Newsweek su más reciente artículo sobre cómo la “Bidenomics” puede unir a Estados Unidos  aquí.

Dice Reich que hace un cuarto de siglo, varios miembros del gabinete de Bill Clinton lo instaron a rechazar la propuesta Republicana de poner fin a las políticas de bienestar. Era demasiado punitivo, decían, someter a los estadounidenses menos favorecidos a una pobreza profunda y duradera. Pero los asesores políticos de Clinton advirtieron que, a menos que aceptara, pondría en peligro su reelección.

“Ese fue el fin de las políticas de bienestar tal y como las conocíamos. Clinton dijo que la era del gobierno grande había terminado”.

Las cosas cambiaron con la llegada de Joe Biden y el anuncio de su paquete de rescate económico. Es la mayor expansión de la asistencia gubernamental desde la década de 1960. Se trata de un ingreso garantizado, para la mayoría de las familias con niños, aumentando el beneficio máximo hasta en un 80 por ciento por niño.

Biden dijo que:

“El gobierno no es una fuerza extranjera en una capital distante; somos nosotros, todos nosotros, el pueblo”Joe Biden.

Covid-19

Reich menciona las tres cosas importantes, recientes, que han ocurrido que hacen que Estados Unidos sea diferente a la nación de hace 25 años.

Primero, el COVID. La pandemia ha sido una llamada de atención nacional sobre la fragilidad de los ingresos de la clase media. La profunda recesión causada por el COVID ha revelado las duras consecuencias para la mayoría de los estadounidenses.

Siempre ha habido división sobre la esencia de los programas sociales. “Ellos” contra “nosotros”. Reich dice que durante años, los Republicanos utilizaron la asistencia social para abrir una brecha entre la clase media trabajadora blanca y los pobres. La pregunta de siempre dividía más a la sociedad. ¿Por qué “ellos” deberían recibir ayuda por no trabajar cuando “nosotros” no recibimos ayuda y trabajamos?

Cuando Clinton hizo campaña por la presidencia, “poner fin al estado de bienestar tal como lo conocíamos” se había convertido en un talismán de los llamados “nuevos Demócratas”, aunque había poca o ninguna evidencia de que los beneficios sociales desalentaran a los desempleados de aceptar trabajos. Sin embargo, cuando llegó el COVID, la realidad fue cruda: la asistencia pública ya no era necesaria solo para “ellos”. “Nosotros” lo necesitábamos.

Segundo, Donald Trump. El amo de la división entre “nosotros contra ellos”. El personaje de los agravios narcisistas, los reclamos de fraude electoral y la paranoia cultural.

Trump fue lo suficientemente populista como para utilizar la entrega de cheques y poner además su nombre.

La Ley CARES, que promulgó a fines de marzo, otorgó a la mayoría de los estadounidenses cheques de 1,200 dólares. Luego Trump, al ver la popularidad de su medida, quería ir por una segunda ronda de cheques de 2 mil dólares.

Reich dice que el mayor regalo de Trump fue el recorte de impuestos de 1.9 billones de dólares, en 2018, cuyos beneficios fueron abrumadoramente para el 20% de los estadounidenses que están en mejor situación económica. “Durante la pandemia, los 660 multimillonarios de Estados Unidos, principales beneficiarios de la reducción de impuestos de Trump, se enriquecieron en 1.3 billones de dólares”.

El supuesto que utiliza Reich es que se podría tomar este aumento de riqueza, dividirlo y dar a cada estadounidense un cheque de 3,900 dólares y esos multimillonarios seguirían siendo tan ricos como lo eran antes de la pandemia.

Tercero, la llegada de Biden y su plan. Es un cambio de juego. Es un plan de unidad. Más del 93 por ciento de los niños del país, 69 millones, recibirán beneficios. Los estadounidenses en el quintil más bajo verán un aumento de sus ingresos en un 20 por ciento; aquellos en el segundo más bajo verán un aumento del nueve por ciento; los del medio, un aumento del seis por ciento.

En lugar de enfrentar a la clase media trabajadora contra los pobres, este proyecto de ley los une. Más del 70 por ciento de los estadounidenses apoyan el proyecto de ley, incluido el 63 por ciento de los Republicanos de bajos ingresos, que representan una cuarta parte de todos los votantes Republicanos.

Los conservadores más jóvenes son particularmente solidarios, presumiblemente porque las personas menores de 50 años han sentido la peor parte de la desaceleración de cuatro décadas en el crecimiento de los salarios reales.

La lección política es que los Demócratas de hoy, que disfrutan de la mayoría del voto popular en las elecciones presidenciales, pueden obtener mayorías políticas aumentando los salarios de los votantes de clase media y pobres, mientras luchan contra los esfuerzos Republicanos por suprimir los votos de los Demócratas potenciales.

El análisis de Robert Reich señala un parteaguas al que ha llegado la sociedad estadounidense después del COVID, de Trump y del plan de Biden:

“La lección económica es que la Reaganomics está oficialmente muerta. Está más claro que nunca que los economistas conservadores que sostienen que los recortes de impuestos para los ricos crean inversiones generadoras de empleo, mientras que la asistencia a los pobres crea dependencia, son simplemente incorrectos”.

El gobierno de la 4T

Las ideas y el plan de Biden de rescate económico empujan exactamente lo contrario: al dar dinero en efectivo a los dos tercios inferiores y su poder adquisitivo impulsará el crecimiento para todos.

El contraste en el caso de México es que el gobierno de la 4T también utiliza los programas sociales y la entrega de efectivo sólo para algunos grupos de la población. Pero en lugar de buscar una política de unidad, la estrategia es promover la división.