Por Félix Cortés Camarillo.

Hasta ayer, debo confesar, yo estaba convencido de que Clara Luz Flores iba a ser la ganadora de las elecciones para gobernar Nuevo León los siguientes seis años. No porque yo pensara que es la mejor candidata a la gubernatura: es la menos peor. Sucede en esto de las elecciones como en el supermercado: nunca sales con lo que andabas buscando y te conformas con llevar lo que estaba a la mano. Es el caso todavía hoy de Clara Luz, aunque eso no deba enorgullecerla a ella o a sus seguidores. Los del otro lado están para el arrastre, como diría Paco Tijerina que de toros sabe. Pero, a pesar del patrocinio convenenciero del partido en el poder, la tal Morena, Clara Luz había manifestado cierta distancia y autonomía. Para mí, por eso, era la ganadora.

Ayer comencé a dudarlo, pero eso no es mi principal preocupación. Lo que me molesta es el tono que las campañas electorales están retomando, cuando habíamos comenzado a pensar que los mexicanos, paso a paso, despacito -como decía el anuncio comercial de los aboneros- estábamos entrando al mundo civilizado de la democracia moderna, civilizada.

No hay tal. La política mexicana está inmersa en la mierda y la calidad de ganar en cualquier proceso electoral depende evidentemente de la capacidad de lanzar excremento a los contrincantes.

Si alguien pensaba que las campañas electorales era una pasarela de prospectos que tenía como motivo central el plantear un análisis certero de los problemas sociales para luego plantearle a los electores las mejores opciones de solución, se trata de alguien tan ingenuo como yo alguna vez lo fui.

La contienda por el gobierno de Nuevo León pasó de ser una exquisita y respetuosa contienda de pañuelito blanco a una fiera lucha de denuncias mutuas entre los dos candidatos punteros para la gubernatura: Adrián Garza y Clara Luz Flores.

Y aquí viene el lanzamiento de caca: Adrián acusa a Clara Luz de haberse acercado al hoy reo norteamericano Keith Rainiere, cabeza de la secta masoquista, manipuladora, sexoservidora y de impronunciable nombre NXVIM. Clara Luz replica y dice que Adrián, cuando fue fiscal del estado de Nuevo León, se hizo de la vista gorda con el despojo de terrenos ejidales en el municipio de Mina, por donde se pusieron las instalaciones -qué bueno- de KIA. Que es un ladrón o cómplice de ladrones.

Hasta donde yo sé, ninguno de los dos miente en sus acusaciones. Son el sauce y la palma. Lo único que deduzco es que en política todos tienen cola que les pisen.

Lo que me pregunto hoy, como neolonés es ¿por quién voy a votar?

¿Me voy a ir como en el super?

PREGUNTA para la mañanera, porque no me dejan entrar sin tapabocas: con todo respeto, señor presidente, su discurso sobre la recuperación de la democracia de Evco Morales en Bolivia, ¿se inscribe en su principio de no intervenir -ni opinar- en los asuntos internos de otros países?

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