Por Félix Cortés Camarillo.

Todo este apestoso asunto de las campañas electorales en Nuevo León comenzó con la maniobra de delatar la ausencia de Luis Donaldo Colosio como residente del municipio de Monterrey, deshabilitándolo para intentar ser su alcalde. Eso, me cuentan y me dicen -y el propio hijo del malhadado candidato presidencial lo afirma- fue armado por la mancuerna medinista que encabeza Adrián de la Garza pero maneja Francisco Cienfuegos, quien tiene experiencia en el chapulineo domiciliario.

Pero aún quedaba algo en la buchaca, cuando la candidata de la asociación Juntos Haremos Historia en Nuevo León, Clara Luz Flores, se lanzó a la ofensiva (dicen que por instrucciones del federalismo del centro) con un video de denuncia que evocaba una canción de Álvaro Carrillo que se llama La Mentira, pero que es mejor conocida como Se te olvida. Y así comenzó su ataque doña Clara diciéndole en video a Adrián de la Garza que se le olvidaba cómo había sido cómplice de los Medina y Compañía en el despojo de los predios de Mina, N.L. aledaños a donde se instaló -bendito sea Dios- la automotriz coreana KIA.

No fue muy lejos por la respuesta. El equipo de Cienfuegos le refrescó la memoria a Clara Luz de que Rodrigo Medina, el gran ausente, fue testigo de la boda Clara con su mentor confeso, el viejo zorro Abel Guerra. Y para remachar que en la política mexicana la amnesia es endémica, Adrián dio a luz, creo que así se dice, una larga grabación en video de la candidata morenista en entrevista de consultoría con el señor Keith Rainière, hoy reo en los Estados Unidos de tráfico de personas, evasiones, machincuepas y maltrato a mujeres con fierro candente de sus iniciales en gratas partes de las féminas.

El asunto ha sido ventilado a saciedad, y los sabios encuestadores ya registran el golpe que a Morena -que era el blanco principal- y a Clara Luz la revelación ha causado. ¿Cuál es el pecado de Clara Luz? ¿Haber invitado de padrino de boda a Medina? ¿Haber asistido a los cursos de “superación personal” del turbio organismo de Rainière cuyo nombre es un trabalenguas?

Ninguno de estos actos es ilegal o motivo de vergüenza. El único gran pecado de Clara Luz es el que dicen que cometió Pedro, el fiel seguidor de Cristo: negarlo.

En los Estados Unidos, que los mexicanos procuramos imitar en muchas cosas, el sistema jurídico es peculiar: una de las principales violaciones sociales, éticas e incluso jurídicas, es mentir. Bill Clinton no perdió su popularidad y prestigio por haberse refocilado en algún oscuro rincón de la Casa Blanca con una regordeta practicante que le dio la satisfacción del sexo oral: se desplomó por haber negado con vehemencia y precisión cualquier relación sexual con la señora Lewinski. Richard Nixon no salió de la presidencia de los Estados Unidos (“ya no tendrán un Nixon a quién patear”) por haber auspiciado y comandado el espionaje político de Watergate sino por haberlo negado persistentemente, sabiendo que mentía.

Si a las primeras de cambio Clara Luz no hubiera negado su relación con el hábil Rainière, no hubiera pasado nada. En México -y en los círculos del poder mediático de Monterrey- hay muchas prominentes personalidades que han estado ligadas, o lo están con la secta hoy despreciada. Si Clara Luz hubiera aceptado sus pecadillos hoy no estaríamos dudando sobre su muy probable triunfo en las elecciones que vienen.

Mi padre solía afirmar: ya veremos, dijo un ciego.

PREGUNTA para la mañanera, porque no me dejan entrar sin tapabocas: con todo respeto señor presidente, en esta Semana Mayor, ¿no debería usted practicar eso de que al César lo que es del César y al pueblo lo que es del pueblo? Usted es por el momento el César. Nosotros los del pueblo aquí estamos.

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