Por José Jaime Ruiz

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@ruizjosejaime

“A veces hay corazonadas de la razón que el corazón no entiende”, escribió el eméritamente cursi Mario Benedetti. En las elecciones de Nuevo León la primavera empieza con una esquina rota, la candidata de Morena, Clara Luz Flores Carrales. Sigue de puntera en la realidad, pero la percepción la ataca. Lo que viene es el voto switch y hasta el voto útil. Si Rodrigo Medina de la Cruz, el impresentable, está en la boleta, ni le conviene al candidato priista, Adrián de la Garza, tampoco a Clara Luz, de quien es padrino de boda.

El candidato de Movimiento Ciudadano, Samuel García, aprovechó mejor que el candidato del PAN, Fernando Larrazabal, la escaramuza electoral entre Clara Luz y Adrián de la Garza. Larrazabal requiere encontrar su narrativa para no sólo enfrentar sino confrontar. La guerra política no sólo es de aire, también es de tierra, de trincheras.

Por lo anterior, Adrián de la Garza burló los protocolos y este fin de semana hizo lo reprobable: juntar a cientos de personas en contra de la sana distancia, el uso de gel y de cubrebocas. Quiso mostrar “músculo” con acarreados, le resultó mal en época de pandemia. La desesperación es mala consejera, por eso sus ataques a quien le disputa el segundo lugar, Samuel García. La aglomeración nunca será votación.

Los errores propios cuestan más que los ataques ajenos. Clara Luz había llevado su campaña por nota, alguien de su equipo desafinó y la llevó al error. Los ataques de Juan Manuel Oliva Ramírez, Adrián de la Garza y Francisco Cienfuegos no la habían mermado. Flores Carrales, en el caso Raniére, no reconoció el error sin perder la rectitud. Perdió la rectitud sin reconocer el error. Callar también es mentir, lo dijo el Español.

No hay interregno en Semana Santa. Adrián de la Garza, al querer ganar, perdió. Clara Luz tiene que reinventarse o seguirá restando puntos. Larrazabal tiene que encontrar una narrativa que lo posicione. Samuel García, aprovechar la crisis y seguir avanzando en redes y en calles. A veces hay razones del corazón que la razón no entiende. Dimos vuelta a la esquina de la primavera y la encontramos rota.