Por Félix Cortés Camarillo.

“…siempre tendréis los pobres con vosotros y

cuando quisiéreis les podréis hacer bien.

Más a mí no siempre me tendréis.”

Evangelio de Marcos, 14, 7

Eran los tiempos de la pascua judía, que se comienza a celebrar el primer domingo después de la luna llena tras el equinoccio de primavera en el hemisferio norte. La pascua recuerda y celebra el éxodo de los judíos de Egipto a Israel, y en la mesa de su cena se sirve, al lado de carcañal del cordero, verduras que recuerdan las amarguras que el pueblo judío sufrió en su larga caravana a la tierra prometida.

Junto a ese plato hay tres pilas de Matzho, pan ázimo, es decir sin levadura. Dícese que ante la premura de su salida de Egipto los judíos no pudieron esperar a que la masa fermentase para el pan. El Matzoh es entonces un pan plano, blanco y sin hinchar. Los irreverentes podríamos decir que es el antepasado de nuestras galletas saladas y las tortillas de harina.

Pero el tema es que la palabra pascua tiene todos los sentidos de cambio, de tránsito, de transformación. De todo ello hay referencias en el lenguaje críptico de Jesús en la cena que esta noche celebramos. En esa ceremonia se establece el principal sacramento del cristianismo: la comunión del cuerpo, la sangre y el espíritu. Y la continuidad de la doctrina.

Yo dudo mucho de que el presidente López haya estado consciente de todo esto, a pesar de sus pretensiosas y socarronas citas bíblicas y referencias cristianas, para emitir un informe que no fue más que un resumen de mañaneras, con la única novedad de que ya no vamos a vender petróleo al extranjero: sólo se va a extraer lo que se pueda procesar aquí.

Lo cierto es que López Obrador decidió -o decidieron por él- hacer su enésimo informe de gobierno el día de ayer, la última cena, cuando no solamente se consagra el pan y el vino en el “nuevo pacto”, sino que se insiste en que la muerte no es lo que parece. El Mesías regresará el domingo próximo, dispuesto a encabezar la transformación definitiva.

Por ley, la veda de mensajes políticamente tendenciosos comienza precisamente la noche del domingo de Pascua o el domingo de Resurrección, por lo que López evitó caer en la tentación de violar la ley. Pero el mensaje subyacente cotidianamente en el discurso del presidente López es la continuidad de su proyecto, su resurrección. Algún blasfemo maloso me mandó un mensaje: si AMLO es el Mesías, vamos crucificándolo el viernes; si resucita el domingo, yo voto por él.

Hay que portarnos bien.

PREGUNTA para la mañanera, porque no me dejan entrar sin tapabocas: con todo respeto señor presidente, ¿se acuerda que hacia finales del año pasado de un plumazo mandó desaparecer 180 fideicomisos porque usted decidió que no servían para nada? Entre esos fideicomisos estaba el Fondo Nacional para Desastres Naturales, FONDEM. Ahora que un colosal incendio forestal sigue destruyendo más de ocho mil hectáreas en una zona boscosa compartida por Coahuila y Nuevo León. No hay dinero suficiente para restaurar, reforestar la zona afectada, eso lo sabemos en Coahuila y Nuevo León, celebrando su programa de “sembrando vida”.

‎felixcortescama@gmail.com