Por Félix Cortés Camarillo.

“Ay qué chispa son los pendejos con su modito de caminar

Por Dios no aguanto la risa jaja jaja jaja jaja”

Oscar Chávez, El Pendejo

Debe haber muy pocos sobrevivientes de mi generación y anteriores, que tuvieron la fortuna de conocer a Don Hermenegildo Torres, regiomontano nacido en Saltillo, tornero, troquelador y filósofo, más profundo que el de Güémez. Especialmente, sobre todo, sobrevivirán menos hombres que hubieran acudido a alguna de las conferencias que dictaba Don Hermenegildo mediante el pago de modesto estipendio sobre su tema favorito: el pendejo.

El maistro Torres diseñó incluso la ideología, el emblema y el título de su organización mundial, la PUP. Por la Unificación del Pendejo. Su credo se resumía en la frase de que es más fácil confesar ser pendejo que tratar de demostrar no serlo. En un sencillo troquel que en la solapa llevábamos los socios fundadores lucía una campana, producto de su taller, con la efigie de Sócrates. Él sólo sabía que no sabía nada, decía el maistro Torres. Logró encontrar sin mucho empeño más de cien definiciones de pendejo, como el esférico que lo es por todos lados que lo veas, o el de referencia: mira, está al lado de aquel pendejo.

Todo esto viene a cuento grato porque en México hay quienes se han molestado por el lenguaje -nada nuevo- del obispo Onésimo Cepeda, que usó en su designación como candidato a diputado y en su declinación a tal honor. Al explicar su inclusión en la política evidente, el obispo dijo estar harto de los pendejos que nos gobiernan. Al aceptar la orden de retirarse por instrucción de su jefe Jorge Bergoglio desde el Vaticano, dijo que prefería quedarse en el clero permanente a una efímera curul que calificó de pendejada.

Se registró una similar reacción ofendida a lo afirmado en una grabación supuestamente manipulada del actor Alfredo Adame, también camino al Congreso, presumiéndole a alguien que se iban a chingar 25 millones de lo que tenían asignados. ¡Uy, qué mal hablados!

Mi queridísima Talina Fernández fue bautizada por alguien como “la dama del buen decir”. A pesar de la cursilería yo estoy totalmente de acuerdo con el mote: la he escuchado en reuniones privadas.

El asunto es que el lenguaje es y debe siempre ser un ente vivo mientras sirva para comunicarnos entre los seres humanos; capaz de asimilar las vulgaridades -el castellano es una vulgata del latín- neologismos, y todas las aportaciones que una lengua en su uso aporta. Nada debe ofendernos mientras nos comunique. Y aunque no.

No nos perdamos en fruslerías. No debiera ofendernos la parla de los interfectos. Que digan todos los improperios y malas palabras que les dé la gana. Pero que cumplan con sus obligaciones de servidores públicos, si es que el dedo de Magnífico los designa para ello.

Si no los obligamos a ello, por medio del voto, seremos una macolla de pendejos que Don Hermanegildo Torres tendrá en muy alta estima, done está -seguramente- muy divertido.

PREGUNTA para la mañanera, porque no me dejan entrar sin tapabocas: con todo respeto, señor presidente, ¿tiene usted idea del personal de salud que no está atendiendo directamente a los enfermos de Covid 19 y trabajan en sus consultorios, clínicas, hospitales o farmacias que reciben a los más jodidos?  Ellos son los que tienen el primer contacto con los infectados, antes de ser referidos a los hospitales de especialidad. Ni uno solo de esos servidores de la salud ha sido vacunado. ¿Por qué? Porque pertenecen a la iniciativa privada.

‎felixcortescama@gmail.com