Por Félix Cortés Camarillo.

…y hasta me maldicen por darte mi amor.

Rafael Cárdenas/Rubén Fuentes, Escándalo

Algo anda mal con nuestra farándula, que supuestamente ha sido creada para la distracción, el desvío de la atención colectiva muy aparte de las cosas que nos preocupan y ocupan en el diario ajetreo. Resulta que, como nos estamos enterando, el mundo siempre fue y será una porquería, como dice Cambalache.

Una chica perteneciente a una dinastía de las más famosas de la farándula dice en televisión que su abuelo -otro farandulero famoso- le hacía desde sus cinco años de edad tocamientos en sus partes íntimas, alegando que eso es lo que hacen los abuelos; además que ella de niña sentía “bonito”. Yo solamente espero que nunca salga a la luz una fotografía en la que le doy un beso en las nalgas a mi hija menor, recién nacida. Mi apellido no es Weinstein.

Otro farandulero de igual o menor calibre es expuesto en una grabación del audio traicionero, diciendo que antes de tomar posesión como futuro diputado -¿te cae?- por el partido propiedad de la maestra Elba Esther se iba a chingar 25 millones de los 40 que iban a poner a su disposición.

Mucho me preocupa que la revista TvNotas, con sus reveladores reportajes y entrevistas inventadas con personajes ficticios, se convierta en la Gaceta Oficial del Estado mexicano, y que no hay una sola persona que pueda considerarse “normal” alcance alguna notoriedad, éxito o progreso en esta vida y en este país.

O en cualquier otro. Ahora resulta que el ratoncito burlón y escapadizo Speedy González que se burlaba de los anglos, y el enamorado zorrillo Pepe Le Peu han sido expulsados por siempre de la tierra fantástica de cartoonland. Son, dicen las buenas conciencias, mal ejemplo para nuestra juventudes y prototipos del racismo, clasismo y machismo, todo junto.

¿Quién sigue?

PREGUNTA para la mañanera, porque no me dejan entrar sin tapabocas: con todo respeto, señor presidente ¿es cierto que va a instruir a sus borregos en las cámaras a que aprueben una ley prohibiendo que les vendan sodas a menores de 18 años, para solucionar por el camino fácil el problema de la obesidad de nuestros niños? Sí lo creo. Tirar a la basura los esfuerzos de medio millón de familias que tienen un estanquillo que depende de la venta de esos refrescos a usted le importa un pito.

‎felixcortescama@gmail.com