Por Félix Cortés Camarillo.

En mi Televisa, que son 30 años de vida inolvidables de bellos, todas las cosas importantes sucedieron en septiembre, incluyendo el temblor. Una tarde de septiembre de 1986 Emilio Azcárraga Milmo, ese al que luego le empezaron a decir El Tigre, me soltó una frase que para mí cambió, una vez más, definitivamente mi vida.

En el lenguaje conciso, breve y casi críptico que en nuestra conversación usábamos, mi único jefe me dijo simplemente dos frases: Cortés, quema tus naves. Nos vamos a Estados Unidos.

Ya más calmados, en su casa de Cuajimalpa, él aterrizó su idea y yo me casé con el proyecto. Azcárraga quería hacerse del control total de la televisión en castellano en los Estados Unidos. Existía una entidad que era Spanish International Network, nacida de los canales de televisión en español en San Antonio, con Emilio Nicolás, y Los Ángeles con el pateador de futbol americano de los Rams y los Cowboys Danny Villanueva, y que con el tiempo esa entidad integró estaciones de Miami, Nueva York, Chicago y todos los sitios donde hubiera hispanoparlantes era rediseñar esa cadena y hacerla competidora de las anglo. Desde el punto de vista ideológico, era reposicionar en el país más importante del mundo nuestra lengua; desde la perspectiva de negocio, en un México resquebrajado. el gasto publicitario que era la base de los ingresos de los medios, se había reducido, y en Norteamérica había dinero.

En esa nave de Jasón me embarqué.

Para Azcárraga Milmo, desde el punto de vista sentimental, era completar el sueño de su padre, el viejo Azcárraga Vidaurreta, de servir, revalorar, informar y divertir a los -en sus palabras- los mejores mexicanos: los braceros en el Norte. Y el posicionamiento de nuestra lengua.

En su castillo de Cancún un experto en comunicación, Manuel Gómez Ortigoza, me convenció de que la lingua franca del futuro es el español, porque es el idioma de los trabajadores de todo el mundo rico.

Hacia ese mundo nos fuimos 1986 y transformamos Spanish International Network en Univision, consolidada como el medio norteamericano más importante en nuestra lengua.

No fue posible hermanar los recursos y el talento de producción de Televisa en México con la capacidad de distribución y venta en el país más rico del mundo por dos factores: los obstáculos burocráticos de aquel entonces en los Estados Unidos a los extranjeros en medios, y la urgente necesidad del liderazgo de Azcárraga en la fábrica de México, al que regresó.

El 13 de abril de 2021, 35 años más tarde, se consumó el sueño de Emilio Azcárraga Milmo, el de conquistar a aquella América que admiraba y aborrecía simultáneamente, aún y cuando haya nacido en su territorio. Su hijo, Azcárraga Jean, consumó antier la fusión de las dos cadenas más importantes de la televisión en castellano en el mundo: Univision y Televisa serán en adelante una sola compañía, como lo soñó El Tigre.

Con los derechos y la videoteca de Televisa y sus facilidades de producción que incluyen técnicos dedicados y de primera muy mal pagados, y la agresividad empresarial y de nuevos diseños de programas que los dueños de Univision aportan, la empresa está destinada al éxito, en estos tiempos de las nuevas tecnologías.

El gran peligro era que Televisa se convirtiera en una maquiladora con sus enormes estudios, equipamiento y, especialmente, personal técnico calificadísimo. Todos los que saben de negocios dicen que Televisa anduvo muy mal en estos años.

Con el anuncio de la fusión, en la Bolsa el precio de las acciones de la firma de Azcárraga Jean se elevó notablemente. Así es eso.

Lo que pasa es que la Televisa de hoy falló al no entender las nuevas tecnologías y sistemas que ya estaban aquí: Netflix, y las otras plataformas de televisión on streaming, que había previsto Azcárraga Milmo, llegó y acabó con el tronco vital del entretenimiento de televisión al aire: la programación.

En los tiempos de la muerte de Don Emilio (1997), el televidente veía lo que el programador decidía; en qué canal, en qué hora, en qué orden. El streaming Netlix acabó con los programadores.

Volviendo a mis charlas con Don Emilio, hablaba de cable, satélites, y sobre todo de programación. Alguien, desde un escritorio, decidía qué pasaba en la tele. el programador vas a ser tú: tú vas a decidir qué novela quieres ver, qué día y a qué hora, qué capítulo, y si lo quieres brincar o repetir. Es otra televisión, me dijo. ¿Suene Netflix?

Su hijo tardó mucho en entender esa transformación. Televisa llegó muy tarde al desarrollo tecnológico. Lanzaron una plataforma que se llama Blim, para aprovechar su videoteca en la esperanza de que, por decir un ejemplo burdo, mi madre quisiera ver la excelente telenovela Cuna de Lobos.

Mamá murió hace más de diez años.

Ante la noticia de la fusión, Bertha mi adorada mujer me preguntó que en qué nos beneficiaba a los televidentes toda esta mengambrea. Iba yo en automático decirle que no, pero no es así. Podemos esperar que los contenidos de Televisa/Univisión sean mejores de la bazofia que ambas cadenas nos están ofertanto ahora.

Amén.

SUGERENCIA para la mañanera, porque no me dejan entrar sin tapabocas: Siga usted, por favor, apoyando al toro Salgado Macedonio. Estoy seguro de que con su apoyo ganará millones de votos.

‎felixcortescama@gmail.com