Por Félix Cortés Camarillo.

Si a estas alturas del martes Don Arturo Zaldívar Lelo de Larrea no ha rechazado rotunda y legamente la disposición de otra instancia del poder, la Cámara de Senadores, de prolongar por dos años más su permanencia al frente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, se habrá consumado un muy serio atentado a la legalidad de México y a la Constitución del país, que todo funcionario jura respetar y hacer respetar, al tomar posesión de su cargo.

La instrucción presidencial a la Cámara de Diputados fue muy clara: el presidente López considera que, a su juicio, esa decisión de los senadores no es inconstitucional, pero que los diputados serán los que determinen la validez legal del golpe de Estado que se dio la semana pasada. Dijo el presidente López: “no se volverá a presentar una oportunidad así: si no se amplía el período, va a ser más de lo mismo, más de lo anterior”. Ya sabrán los diputados a lo que se atienen si desobedecen la instrucción presidencial. Por ahí está la Unidad de Intimidación Fiscal para ponerlos en orden.

Todo este desbarajuste orgánico no debe sorprendernos: la política en México no ha cambiado ni su esencia ni sus procedimientos, que ratifican la frase atribuida a Von Bismarck: si te gustan las salchichas y la política, disfrútalas, pero nunca trates de enterarte de lo que están hechas.

Lo más vergonzoso de todo este asunto va más allá de la ignominia de una modalidad del poder del estado -el legislativo- metiendo sus narices sucias en el terreno de otro poder del Estado, no menos putrefacto pero separado al fin de cuentas. Lo más ofensivo es que senadores de la llamada oposición hayan votado a favor de la instrucción presidencial de someter a la SCJN, o hayan votado en abstención: lo peor es que, con todo cinismo, digan que ni cuenta se dieron sobre de qué se estaba votando cuando emitieron su voto. Esencialmente, si el supremo ministro no rechaza el Coup d´Etát, se acreditará el triste precedente de que los tres poderes de la nación coincidan en su ignominia.

No quisiera tener que determinar cuál es la mayor vergüenza, si el ser corrupto o ser imbécil. Los integrantes del poder legislativo de nuestro país pecan de ambos vicios. Y en esas vergüenzas incurren los tres poderes: senadores, Zaldívar y el jefe del poder ejecutivo.

Triste país.

PREGUNTA para la mañanera, porque no me dejan entrar sin tapabocas: con todo respeto, señor presidente, ¿realmente cree que el presidente Biden le va a copiar el demagógico procedimiento de sembrando vida para llevarlo a los Estados Unidos con voluntarios centroamericanos y mexicanos? Puede que le compre el nuevo programa bracero, en donde usted ve, con acierto, mayores remesas de los paisanos desde los Estados Unidos. Pero Biden no es un palero de Morena.

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