Por Francisco Tijerina Elguezabal.

“Con números se puede demostrar cualquier cosa”

Thomas Carlyle

Aunque la función real de las encuestas es reflejar la situación de un hecho determinado en un momento específico, lo cierto es que desde hace muchos años han sido utilizadas como un recurso que busca incidir en las preferencias electorales.

Hasta hace años eran una simple herramienta en las campañas políticas, pero con el tiempo han ido tomando relevancia y hoy juegan un papel protagónico.

Sin embargo han sido muchos, pero muchos, los casos en que las encuestas han fallado en tiempos electorales, aquí y en todo el mundo y a pesar de ello se mantienen como una arma de guerra para buscar influir en los votantes, sobre todo los indecisos, buscando casi siempre se adhieran a quien aparece en el primer puesto del sondeo.

Las encuestas están basadas en una ciencia exacta, pero hay muchas y muy variadas maneras de manipular la forma en que se realizan para mover las variables a favor o en contra de los contendientes.

En Nuevo León poco más del 80 por ciento de la población se concentra en el área metropolitana y hay datos del censo que nos muestran la división por género, rangos de edades, niveles económicos y de estudios y muchos detalles más, por lo que resulta sencillo el elaborar muestras con valor estadístico que sirven para conocer el panorama general.

Aquí la mayoría de las encuestas nos ofrecen tener un nivel de confianza del 95 por ciento y superior, por lo que de estar hecha con rigor y apegada a las normas, todas deberían coincidir si se realizan en un periodo de tiempo similar, pero no es así.

En los últimos días he tenido acceso a tres encuestas para la gubernatura en juego el próximo 6 de junio y me resulta harto sorprenderte el notar las enormes diferencias entre unas y otras.

De los tres sondeos ninguno coincide en un solo punto; una pone a un candidato por encima de los demás con sobrada ventaja, otra mantiene en una cerrada pelea por el primer puesto a dos de los aspirantes y la tercera de plano pone a tres de ellos en un empate técnico.

Sinceramente pienso que a mes y medio de que se lleve a cabo la jornada electoral a la telenovela de las campañas aún le faltan muchos capítulos por ver y todavía están pendientes muchas acusaciones, videos, documentos, protestas, gritos, llantos, sofocones y demás.

Tras ver las tres encuestas me quedo con un amargo sabor de boca y con la única certeza de que no debo creer en ninguna de ellas pues es evidente que alguien, ¿uno, dos o todos? miente.

Tendré que resignarme a esperar al 6 de junio por la noche para conocer el resultado de la única y verdadera encuesta, la de las urnas, la que nunca falla, aunque eso sí, a pesar de su resultado es posible que en el terreno de los hechos no gane quien más votos sume, sino quien libre las batallas judiciales posteriores a los comicios.

Y así, ¿para qué nos sirve entonces la encuesta?

ftijerin@rtvnews.com