Por José Jaime Ruiz

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@ruizjosejaime

“He verificado con frecuencia que el buen manejo de un error vale más que ciertos éxitos. Así lo enseña el arte del ajedrez, que consiste en aprovechar los errores cometidos”, escribió François Miterrand, el gran político francés. Ezra Pound, por su parte, expresó en un poema: “Confesar el error sin perder la rectitud” (en la versión de Octavio Paz del canto “CXVI”).

El video de la candidata de Juntos Haremos Historia en Nuevo León, Clara Luz Flores Carrales, el video del perdón, es políticamente correcto para la sociedad, la ciudadanía y los votantes del estado; sus adversarios lo condenarán, no se espera otra cosa.

1.- Aunque la derecha y el conservadurismo del dueño de El Norte, Alejandro Junco de la Vega, pretendan imponer la percepción de que es “tardío”, se equivocan, está en timing. Tal vez sus contrincantes y sus críticos en los medios de comunicación no lo entiendan, pero el mensaje de humildad se da en sincronía con el cross fire que existe entre el candidato de Movimiento Ciudadano, Samuel García, y el del PRI, Adrián de la Garza. Frente a los “peleoneros”, la confesión de una mujer, de una madre.

2.- Clara Luz le habla a las mujeres violentadas, a las mujeres engañadas. A las que caen en errores en su vida y se levantan. En un estado donde la violencia en contra de las mujeres es cotidiana, su mensaje puede penetrar y obtener votos femeninos. Simpatías iniciales, sufragios después. El machismo, el arm wrestling entre Samuel y Adrián, beneficia a Flores Carrales.

3.- En una sociedad tan conservadora como la regia, aludir a la familia, a proteger a la familia contra atentados y circunstancias adversas, le da a Clara Luz un cariz de maternidad, de sensibilidad, que los otros candidatos no pueden proporcionar: Mamá gallina que hace todo por sus pollitos. El mensaje que quiere imponer es que tuvo debilidad y, sin embargo, se recuperó: “agallas”.

4.- Clara Luz se blindó contra las críticas patriarcales. A partir de ahora cualquier impugnación sobre su participación en la secta de Keith Raniere podrá calificarse como violencia de género. Flores Carrales, como demasiadas mujeres, fue víctima, no verdugo. Entre otros muchos sampetrinos, Alejandro Junco también padeció, familiarmente, a esa secta.

5.- El 8 de abril advertí que en las campañas electorales se introducía “un elemento que había estado ausente hasta hoy: la posible influencia y relación del crimen organizado en las elecciones y con candidatos”. Ya sucedió. Adrián acusa a Samuel de coludirse con un cártel; Samuel a Adrián de coludirse con otro. Las acusaciones de “complicidades” son trascendidas por Clara Luz: ella no fue “cómplice” sino víctima.

Adrián y Samuel, para sus estrategias, entiendan algo básico: Flores Carrales sigue en la boleta. Si uno confiesa el error sin perder la rectitud, ¿el buen manejo de ese error vale ciertos éxitos?