Por Félix Cortés Camarillo.

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…la de ojitos dormilones,

me dejó gran ilusión

y malas calificaciones…

Pedro Fernández, La de la mochila azul

Yo estaba honestamente convencido de que la asistencia a las urnas del domingo pasado fuese mayor que la registrada. Es verdad que debemos estar satisfechos por el clima en que se desarrollaron las votaciones, la paciencia de los electores, que soportaron impuntualidades y desdenes de funcionarios de casilla, y muchos otros defectos de menor peso. Le queda grande al país el concepto de democracia que se empeña en hundir el presidente López, pero los mexicanos somos mucha pieza para la marrullería disfrazada de generosidad hacia el pueblo bueno, noble, sufrido y pobre.

Ya llegarán los informados análisis de la composición de los votos; pero no me queda duda de que la participación de los jóvenes y las mujeres jugó un papel primordial.

En este sentido emerge una figura crucial para las elecciones en Nuevo León. Nada de la mochila azul: tiene zapatos tenis fosfo-fosfo, y desde luego que en lugar de malas calificaciones la señora Mariana Rodríguez -esposa del virtual gobernador de Nuevo León Samuel García- le dejó un arrastre rejuvenecido, fresco, moderno, a tono con la época de los dispositivos móviles y la ausencia de comunicación verbal, directa y personal entre la rejuvenecida clase media mexicana. La comunicación del Covid 19, vamos.

La comunicadora logró lo que parecía imposible: darle la vuelta a la interpretación inicial de los trompicones en las redes sociales de su marido, pero de manera especial tuvo la virtud de rasurar la política mexicana de la solemnidad mamona que durante decenios hemos sufrido.

En paralelo, los argumentos sólidos del candidato hicieron su parte: los votantes norteños somos particularmente sensibles a un rechazo visceral al chilango, al centralismo antidemocrático y a la sustitución de la ley y la legalidad por una supuesta justicia generosa y caritativa. Esa es una pieza clave para el triunfo de Samuel García, que no es una victoria del partido que le dio sus siglas. La clave está en la revisión del pacto fiscal con el propósito de mantener los recursos que genera Nuevo León en el estado. La división de los mexicanos que se empeña en fomentar el presidente López seguirá siendo importante, para bien.

López Obrador seguirá insistiendo en la victoria de los suyos y, para asegurarla, podría -podría- ordenar un período extraordinario de sesiones para una reforma electoral al vapor a fin de darle la puntilla al INE, que merece un reconocimiento que al final de cuentas fortaleció la entidad republicana que al presidente le vale gorro. Como le vale gorro la autonomía del Banco de México, camino de cuya toma ayer envió a quien fuera hasta ahora su secretario de Hacienda.

Alguien necesita una niña de mochila azul y ojitos dormilones, que le dé malas calificaciones.

PARA LA MAÑANERA (porque no me dejan entrar sin tapabocas): Dice Catón: “un voto por Morena fue un voto contra México”. Hoy nos enteraremos de las cifras finales y oficiales de las urnas. Y de las tentaciones del poder en descenso, y abandonaremos la cantaleta de Armando Fuentes Aguirre.