Digamos las cosas por su nombre. Morena fracasó horrible en NL. Estrepitosa caída en acopio de votos, en diputados al Congreso…en todos los cargos de representación. Sugiero que se abra una temporada de reflexión tanto para y desde los dirigentes del partido, incluidos militantes, simpatizantes y electores a nivel de suelo. ¿Qué pasó pues, por qué se fueron hasta el fondo del fondo, por qué teniendo la sartén por el mango se dejaron arrastrar por el fango de la ignominia, qué piensan de la brutal derrota, dónde, cuándo, por qué, cuáles son las causas? ¿Anotaron bien las placas del vehículo que les atropelló? ¿El hundimiento tiene nombre y apellidos, otros datos aparte de los rumores y los trascendidos en la prensa chayotera?

El público, sí, el pueblo bueno y sabio merece tener esa información, saber causas, razones, nombres de quienes permitieron tal humillación, tal bofetada en la cara del mismísimo presidente que quería ver teñido de color marrón un estado clave para amacizar su Cuarta Transformación. ¿Fue soberbia, fue desidia, fue asco…qué diablos pasó por su cabeza, morenistas, para presentarse a la pugna y sin más creer que esta plaza iba a ceder tan fácil su favor político?

Ya se dieron color que el orgullo regio es canijo, y en las urnas aún más. En honor de la cacareada trasparencia de un instituto político que se sostiene con dinero de todos esperamos lo imposible: que saquen la casta, den un paso al frente y expliquen la dolorosa debacle. Ya sé que es un deseo vano, una impertinencia, una utopía ingenua esperar que alguien del círculo supremo salga a la plaza y nos explique.

Nadie dará la cara, claro, nos seguirán viendo como indignos, como inmerecedores de una información reservada solo para las élites partidistas, no apta para legos, menos para los adversarios de la competencia, quizá ni los jerarcas mismos sepan qué fue lo que realmente aconteció para que Morena se esfumara casi por completo de la paleta de opciones políticas de un estado difícil sí, pero no imposible de conquistar, y casi esa alternativa fuera borrada del mapa de preferencias populares.

Quizá ese era el plan. Posiblemente en su hoja de ruta estaba escrito: abandonemos la sucia joya de la corona, no está a la altura de nuestras ambiciones de aristócratas de vecindad, fuchi, caca. Monterrey no tiene remedio, ¿pensaron? Porque hacia allá apuntan los hechos, estos no mienten. ¿Transaron con Samuel, o más preciso, con la cabeza hueca de Mariana, su consorte-publirrelacionista? Quizá los conservadores y la mafia del poder del régimen anterior tienen razón: Morena no es otra cosa que el viejo sistema con máscara de regeneración de la vida comunitaria, de la cosa común, y que les vale un comino la democracia, que se pasan por el arco la rendición de cuentas, que es puro rollo la apertura política.

Tic tac, corre el minutero. Se acerca el 2024, hablen ahora o callen para siempre. Sigan fingiendo que el Líder supremo les habla sólo a ustedes, en exclusiva, y con eso es más que suficiente. La voz del amo no se discute, se obedece. Entonces sí, solo así entenderemos que el ajedrecista, el timonel es uno solo, que el caudillo dio la orden fulminante para abandonar el campo de batalla en Regiolandia, la chica guapa y millonaria del ejido nacional, hasta dejar arrumbada, vestida y alborotada a su candidata, a las huestes, a los activistas, y a los votantes que soñamos con algo nuevo.

Tic tac, corre el segundero y nadie, absolutamente nadie ha dicho ni pío. Ese silencio pesará, y mucho, en el ánimo popular.