Por José Jaime Ruiz

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En Nuevo León el PRI medinista (Adrián de la Garza, Francisco Cienfuegos) y el PRI antimedinista aliado con Morena (Clara Luz Flores) fueron los grandes derrotados. Juntos pudieron hacer algo; separados, nada. El ex gobernador Rodrigo Medina de la Cruz calculó mal el escenario al desplazar a Clara Luz y contener a Ildefonso Guajardo, pero sobre todo al alcalde de Apodaca, César Garza Villarreal, quien mejor sabe hacer campañas.

La división impulsada por los medinistas resultó en frustrante derrota. El medinismo no supo ser incluyente, arrebató las canicas. Desde noviembre de 2019 advertí: “El PRI puede regresar a la gubernatura de Nuevo León, pero no en las condiciones actuales. Existen desde hace meses candidatos y candidatas, entre ellos César Garza, Adrián de la Garza, Clara Luz Flores, Ildefonso Guajardo y ahora Cristina Díaz. El PRI administra los municipios con mayor demografía electoral, como Monterrey, Guadalupe, Apodaca, Escobedo, Juárez. Necesita que sus alcaldes no sólo administren, sino que gobiernen bien en el último lapso de su trienio, sin esa condición, no ganan.

“El PRI está en modo de rebatiña: sólo se ponen de acuerdo en estar en desacuerdo. Superar esta etapa primitiva es urgente… o morirán (electoralmente) sin este intento”.

Lo demás es historia: la salida de Clara Luz, la imposición de los medinistas en el PRI estatal, la reunión de Rodrigo Medina en casa de Raymundo Flores, el ataque a la condición de residente de Luis Donaldo Colosio, la lucha “fratricida” entre Flores Carrales y Adrián de la Garza, el muy apenitas (y quién sabe) de Cristina Díaz en Guadalupe y la enorme victoria de César Garza en Apodaca.

¿Se requiere un PRI para el PRI? Si y sólo si encuentra nuevos liderazgos, reestructuras. Es necesaria la gobernabilidad, la gobernanza, con la nueva administración estatal. ¿Comprar de nuevo a los partidos de baja representación en el Congreso local para aumentar las diputaciones obtenidas? Imposible. Esa política de cooptación será superada porque el PRI medinista perdió la nómina de Monterrey.

Lo que viene desde el Congreso local y desde un posible nuevo PRI es la política de contrapesos y, sin embargo, de composición. Y ahí será fundamental el liderazgo de César Garza Villarreal.