Por Félix Cortés Camarillo.

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El encabezado sería mejor ¿Quod Vadis, Sammy?, pero es menos vendedor.

            En los Hechos de Pedro, uno de los libros apócrifos surgidos en la diáspora de los Cristianos, se dice que Pedro huye de Roma cuando Nerón comienza a prender y matar a los seguidores de Jesús. Dice la fábula que en la huída se encuentra a Cristo, cargando -de nuevo- una cruz y le hace la pregunta: ¿a dónde vas, señor? La respuesta, en la versión latina de este texto griego del original, la imagen le contesta: voy a Roma a que me crucifiquen otra vez.

            Arrepentido -otra vez- de los miedos que le dominan, Pedro regresa a Roma, es encarcelado, y muere crucificado de cabeza. Supuestamente sobre el sitio en que fue ejecutado se encuentra la Basílica de San Pedro en el Vaticano, sus restos descansan en el sótano de ese templo y de ahí viene toda la historia de que tú eres Pedro y sobre ti construiré mi iglesia.

            Hasta aquí el breviario bíblico-cultural.

            Quo Vadis, Domine se traduce como ¿a Donde vas, Señor? ¿Quod vadis Sammy? en traducción libre puede expresarse: ¿A qué vas, Samuelito? Mejor aún: ¿qué se te perdió en Palacio Nacional?

            Hoy miércoles el gobernador electo de Nuevo León es recibido en audiencia privada, como hace el Papa los miércoles en el Vaticano, por el presidente López.

            En hebreo, el nombre Samu-el quiere decir «el que es escuchado por Dios». Se los dejo de tarea, como se dice frecuentemente en la mañanera.

            No deja de llamar la atención el hecho de que hasta el día de hoy López Obrador solamente se ha reunido con los recién electos gobernadores que pertenecen a su pandilla, llamada Morena. Samuel García es el primer gobernador de otra cepa que entra a Palacio Nacional, mientras Silvano Aureoles hizo guardia varias horas después de ocho infructuosas solicitudes de audiencia.

            Dejemos de lado las intenciones del presidente López, de quien es sabido no da brinco sin huarache. Le preocupa, desde luego, el reciente cónclave tapatío que pudiera ser germen de una incomodidad hacia la capital en dos de los tres estados más importantes del país. Es lógico y hay razón.

            La pregunta es: ¿a qué va Samuel García hoy a Palacio y que puede lograr?

            Si es congruente con sus planteamientos de campaña, cosa poco frecuente, Samuel tiene que buscar un nuevo pacto federal, por lo menos para Nuevo León; es decir que del dinero que su estado aporta a la federación regrese algo más de lo actual.

            El presidente López tiene otros datos y ayer lo volvió a mencionar. Evidentemente se le está acabando el dinero para los programas sociales y, para ampliarlos, cuenta con que los estados van a cubrir el cincuenta por ciento de los incrementos. ¿Más claro, o siguen bastos?

            Repito: Samu-el quiere decir «el que es escuchado por Dios». Como ya sabemos cómo está el reparto de papeles en esta historia, pronto tendremos sorpresas.

PARA LA MAÑANERA (porque no me dejan entrar sin tapaboca): Con todo respeto, y Usted lo recordara sin duda, que Rubén Figueroa Figueroa descubrió aquello de que cuando la caballada está floja se inventa una baraja de seis ases. Pero con lo que se sacó de la manga no se midió. Abel Quezada estuvo mejor: el tapado fuma Elegantes. Aunque esos cigarros ya no existan y López Gatell diga que puede uno ir briago a vacunarse.