Por José Jaime Ruiz

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Los representantes de la vieja política, el alcalde panista de San Nicolás de los Garza, Zeferino Salgado, y el ex candidato priista a la alcaldía de Monterrey, Francisco Cienfuegos, paulatinamente pierden poder económico público, ergo, poder político. Para avanzar, el gobernador electo, Samuel Alejandro García Sepúlveda, encontrará otros interlocutores, entre los que se encuentran los priistas César Garza Villarreal y Jorge Mendoza, así como el diputado federal panista, Víctor Pérez, y el alcalde independiente de San Pedro, Miguel Treviño que, en el futuro, podría incorporarse a Movimiento Ciudadano.

Raúl Gracia y Chefo Salgado han cedido una y otra vez la candidatura al gobierno de Nuevo León –y otras candidaturas– a sus “adversarios”. Por primera vez perdiendo no ganan. El PAN de Gracia y Chefo se desmorona y su prueba mayor será la elección de la nueva dirigencia. Para apalancarse y chantajear o extorsionar al nuevo gobierno requieren homogeneidad; su bancada en el Congreso, sin embargo, está rota, no lo podrán hacer. A diferencia de la fracción actual, los panistas estarán divididos, no habrá homogeneidad en los próximos votos. Es el principio del fin del PAN verdaderamente existente. El PAN de Chefo y Gracia se encuentra moribundo y mientras ellos caen, Samuel, incoercible, crece. Lo que viene en la bancada del PAN entrante, en muchos temas, es el voto diferenciado.

El movimiento de García Sepúlveda con el PRI es triple. Para atender sus relaciones públicas con Palacio Nacional, se ha puesto de acuerdo, en el Pacto del Regis (el hotel donde se reunieron), con Jorge Mendoza, cercanísimo al consejero jurídico de la Presidencia de la República, Julio Scherer Ibarra. A nivel local, tendió puentes con el alcalde de Apodaca, César Garza Villarreal quien, por su arrollador triunfo, es el líder natural del PRI en Nuevo León.

Para descarrilar los intereses de Paco Cienfuegos, Samuel Alejandro tendría que reunirse con su tocayo Alejandro “Alito” Moreno, el presidente nacional del PRI. “Alito” metería en cintura a los medinistas en una negociación, a través del Congreso local, a largo plazo con miras al 2024. El poder público y político de Cienfuegos se disminuye. Y en el chantaje con la revocación de mandato y los organismos descentralizados, quien queda en medio como piñata, es el ex alcalde de Monterrey y candidato a la gubernatura, Adrián de la Garza (en los últimos días los reportajes de El Norte son sólo un botón de muestra de lo que puede venir en contra de los medinistas). En un arm wrestling game, Adrián y Paco pierden en contra de Samuel.

Para la gobernanza, es vital que Samuel tenga acuerdos civilizados con el legislativo. Las fiscalías, si no se han acercado, tendrán que acercarse, ante todo por sus presupuestos. La vieja política del chantaje y la extorsión ya no cabe en la vida pública de Nuevo León. De allegarse a los diputados priistas, a través de la dirigencia nacional, García Sepúlveda convertirá lo que pretendían que fuera una derrota en victoria: hará ganado lo perdido (y por ahí pasa la aprobación del presupuesto 2022).

¿Qué viene? Intentar un gobierno de inclusión; si no un gobierno de coalición, al menos un gobierno de cohabitación, un gobierno incluyente. Samuel Alejandro no debe apresurarse a designar con antelación su gabinete. Debe darse tiempo. Tampoco, es cierto, sumergirse en el éxtasis postelectoral. En fin, la vieja política de Chefo y Paco fenece… y parece que no se dan cuenta.