Por Félix Cortés Camarillo.

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Todas las ilusiones de recuperación económica para el sur de los Estados Unidos se pospusieron, en el mejor de los casos, esta mañana. Ayer se cumplieron 14 meses de que el gobierno gabacho cerró sus fronteras terrestres para el ingreso de turistas o visitantes no esenciales de Canadá, pero especialmente de México. En teoría la decisión es copartida con sus vecinos, pero al menos en lo que a México concierne no hay ningún impedimento para que los norteamericanos entren a nuestro país.

            La medida precautoria se ha ido renovando cada mes en el día 21, y su motivación es lógicamente el peligro de contagio de uno a otro país; en el fondo, el temor que existe allá en el Norte es a consecuencia del pésimo manejo de la pandemia en nuestro país. De manera especial, por la vacunación en contra del Covid-19. El fracaso en la adquisición de insumos para inmunizar y la pésima instrumentación de la distribución y aplicación de las vacunas, hace que el miedo se haya extendido.

            Es cierto que también en los Estados Unidos, y en otros países se ha presentado una resistencia a la aplicación de las vacunas, pero mientras el 30 por ciento de los mexicanos han sido vacunados, aunque sea una sola dosis de las dos que se necesitan en la mayoría de los casos, los Estados Unidos puede afirmar que ya tiene la mitad de la población totalmente vacunada, y creciendo.

            La deficiente campaña de vacunación en la franja fronteriza norte de México ha provocado que el departamento de Estado prolongue por lo menos un mes más las restricciones al turismo de aquí para allá.

            Lo que tiene muy preocupados a los habitantes del sur de California, Nuevo México, Arizona y Texas es precisamente que la economía de sus ciudades fronterizas, de San Diego a Brownsville, dependen de las compras de los mexicanos del norte nuestro, que en algunos casos llegan hasta el nivel del supermercado.

            Los centros comerciales de El Paso, Caléxico, Eagle Pass, Laredo o McAllen espantan de lo vacíos; los letreros de se vende o se renta son el único anuncio de cientos, miles de tiendas medianas y pequeñas. Lo mismo sucede con los restaurantes y los hoteles.

            No habrá remedio allá mientras no haya remedio aquí.

            Y eso…está por verse.

PARA LA MAÑANERA (porque no me dejan entrar sin tapaboca): con todo respeto, señor presidente, ¿cuándo va a poner orden usted en los malabares estadísticos del doctor López Gatell con el asunto de las vacunas, su número, las aplicadas, las perdidas, las guardadas y las echadas a perder? Claro que sería mucho pedir que se trasparentara el costo de la adquisición centralizada de medicamentos y vacunas, que ya se dijo que es un secreto de seguridad nacional. Como si la Nación fuesen los que dicen servirle.