Por Félix Cortés Camarillo

Si usted es de los ciegos seguidores de la demagogia del presidente López o de los ingenuos que compran su modelo de democracia participativa y se va a apersonar a una casilla el próximo primero de agosto, recibirá una boleta color rosado que en el lado derecho tendrá dos casillas, una para el sí y otra para el no, y en el lado izquierdo podrá usted leer una joya de la redacción en castellano digna de marco y pared que dice:

«¿Estás de acuerdo o no en que se lleven a cabo las acciones pertinentes, con apego al marco constitucional y legal, para emprender un proceso de esclarecimiento de las decisiones políticas tomadas en los años pasados por los actores políticos, encaminado a garantizar la justicia y los derechos de las posibles víctimas?»

Hace unos cincuenta años, una tarde de verano, en el penthouse de un hotel de Acapulco comí con mi amigo Jacobo Zabludovsky y un señor que se llamó Mario Fortino Alfonso Moreno Reyes.

De Jacobo conocía yo su erudición e inteligencia. Mario me mostró un verbo muy coherente, inteligente y válido sobre los temas que los tres tratamos. Sin embargo, en su papel histriónico de Cantinflas, que le dio fama y fortuna, Mario bien pudo haber redactado el texto que inicia esta columna.

Es de justicia reconocer que el cantinfleo, esa manera de revolcar las palabras e intercalarlas con retruécanos y circunloquios lo inventó Mario durante la filmación de la secuela final del juicio por la muerte de Bobby (un perro que Cantinflas mató) y Bobby, un truhán extorsionador, y que el cómico abandonando el guion y las instrucciones de Juan Bustillo Oro hizo una pieza maestra de la improvisación del absurdo que ha trascendido. Un columnista de espectáculos de Tele Guía se lo desarrolló a otros guiones.

En mi opinión, en demasía: la oratoria política mexicana se contaminó de tal manera que durante muchas elecciones federales, en la casilla que se reserva a los innombrados candidatos a la presidencia de la república muchos votos (desde luego no contabilizados) decían Cantinflas.

¿A qué viene todo esto?

Simplemente a que el televisado cotidiano sermón presidencial de las mañanas se ha sustentado, desde el inicio, en el cantinfleo, el hablar mucho para no decir nada, el lenguaje que inventó Mario y que se reduce conceptualmente a la incertidumbre del mexicano en torno a su esencia, y a su intrínseca incapacidad de expresarse verbalmente. Los mexicanos hablamos mucho porque no tenemos qué decir. La oratoria nunca ha sido lo nuestro.

Pero hablaba yo de la tarjetita rosa del uno de agosto.

Si el presidente López tiene el derecho a pedir que todos los mexicanos acudan a ratificar con su voto que el presidente López es el que manda, YO invito a mis compatriotas a que no voten. Si alguien vuelve a leer la papeleta rosa, tiene que entender la trampa: las leyes se cumplen o no, sin necesidad de plebiscito.

Y si no, ya me chingué.

PARA LA MAÑANERA (porque no me dejan entrar sin tapaboca): Con todo respeto, señor Presidente: La boleta del 1 de agosto NUNCA dice que usted va a someter a juicio a los ex presidentes por su nombre. Los mexicanos sabemos que NO los va a enjuiciar. Lo que no tenemos claro es de qué chingados se trata el plebiscito de agosto 1.

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