Por Carlos Chavarría

Si existe alguna manera en que nuestro presidente pueda mostrar su muy singular enanismo moral, intelectual y político, él sin duda lo encontrará.

Muy al margen de la detestable burocracia que rodea a la ciencia en México, que fue construida por el propio gobierno para intentar controlar hasta el conocimiento, han ocurrido avances muy importantes en las universidades por desterrar la politiquería que las ha mantenido sometidas por mucho tiempo. Menciono a las universidades, porque es ahí el único lugar cierto donde se dedican a crear y dispersar el conocimiento científico y tecnológico.

La  visión super simplificada que el presidente aplica a todos los temas lo lleva de nuevo a arreciar sus ataques casi personales, ahora contra un grupo de científicos acusados penalmente por diversas tropelías, pero con clara intención de golpear a todos los que se dedican al avance científico.

En lugar de proponer una política de investigación científica que motive la inversión de todos los beneficiarios directos de los avances en la ciencia mexicana, la conclusión del Estado es la de mejor atacar a los científicos en lo general con el solo propósito de probar, aunque sea con un solo caso, que no vale la pena invertir en el conocimiento.

Así como no tiene chiste sacar el petróleo, conseguir medicinas, hacer carreteras y aeropuertos, hospitales, nada tiene ahora de complicada o necesaria la ciencia.

Como bien lo dijo en su mañanera del 24 de los corrientes: “…al fin que todo se lo gastan en lujos, coloquios y congresos que de nada sirven, siendo lujos que el gobierno tenía que pagarles”.

Desde su campaña y la presentación de su plan de gobierno se dejaba sentir la nula importancia que tendrían la educación, la ciencia y la salud en su administración.

Así, de un solo tajo, se pontificó desde la más alta tribuna de México para justificar abandonar al conocimiento científico.