Por José Jaime Ruiz

@ruizjosejaime

Como versión ¿2.0? del sexenio de Rodrigo Medina de la Cruz, la nueva administración de Samuel Alejandro García Sepúlveda tiene sus variantes y sus variables. Después de la pifia cometida al presentar las reformas a la Ley Orgánica de la Administración Pública al Congreso, el gobernador electo (no en funciones) tuvo que recular y mandar de nuevo el documento al legislativo ahora sí con su firma. Tal vez se solvente el ingenuo error con un transitorio, pero la metida de pata es testimonial.

Mariana Rodríguez fue un factor fundamental en el triunfo de Samuel García, sin ella no gana, pero una cosa es la campaña y otra muy diferente el gobierno. Replicar la campaña en el ejercicio de gobierno y la administración pública es una equivocación: Samuel Alejandro ya le puso casa a Mariana, ahora le pone oficina. Y la arriesga o le da un poder que ninguna esposa en la historia política de las gubernaturas en Nuevo León tuvo.

“Amar a Nuevo León” –lo pragmático envuelto en cursilería– podría convertirse en una nueva versión del efecto “Humberto Medina Ainslie” del sexenio de Rodrigo. Samuel Alejandro no es ningún apocado, como lo fue Medina de la Cruz y, por ningún motivo, dejará que su padre, Samuel Orlando García Mascorro, se entremeta en su gobierno como lo hicieron con Rodrigo… pero ahí está Mariana.

Si el puesto de Mariana, o de posibles subalternos, no son honorarios y ella ejerce presupuesto, caerá en la figura de nepotismo que se entiende como “la designación, otorgamiento de nombramiento o contratación que realice un servidor público de personas con las que tenga lazos de parentesco por consanguinidad hasta el cuarto grado, de afinidad hasta el segundo grado, o vínculo de matrimonio o concubinato para que preste sus servicios en la misma institución, dependencia o ente público en que éste labore”.

Si la responsabilidad pública de Mariana no cae en el nepotismo, bien caería en el influyentismo o en el tráfico de influencias porque, dixit, «el ser Presidenta Honoraria del DIF es un puesto muy tradicional que se le designa a la esposa del gobernador, como para darle algo, y yo creo que tengo más capacidad y mucho más que dar que sólo ser la presidenta del DIF.

“Voy a poder trabajar con todas las secretarías de manera universal… poder meterme a temas específicos con cada secretaría, en los que yo crea que pueda aportar, y así no nada más limitarme a una cosa.

“(Mi oficina) va a estar a la par del gobernador”.

¿A la par del gobernador? ¿Algún titular de cualquier dependencia le dirá no a la esposa de Samuel Alejandro? Las decisiones, sugerencias, meterse en temas específicos, podrían acarrearle a Mariana traspiés.

En verdad existe un alto riesgo en este ejercicio metaconstitucional. Si en el proyecto enviado al Congreso no viene el ejercicio gubernamental de Mariana, tendrá que plasmarse en el reglamento. Mañana se podría consultar en el Periódico Oficial.

Desde ahora Samuel Alejandro y su equipo carecen de oficio jurídico, ergo, de oficio político. Sus adversarios aprovecharán la novatez y lo exhibirán, aunque ejercerán una política de empatía con los ciudadanos. Los diputados saben bien que deben dejar que Samuel Alejandro se equivoque pero, repito, mandan el mensaje a sus representados que cooperan con el Ejecutivo: le dan cuerda para atorarlo mejor.

Mira, Mariana, “Hell is full of good meanings and wishings” o, lo que es lo mismo, “el camino al infierno está lleno de buenas intenciones”.