Por Félix Cortés Camarillo

Unos dos millones de empleados del gobierno de los Estados Unidos estuvieron a punto de no recibir su cheque la quincena pasada por falta de recursos en el gobierno del país más poderoso del mundo. El más endeudado, también. Su deuda interna es de 28 billones (de los nuestros) de dólares. Los burócratas que sufrirían serían los de las actividades llamadas no esenciales; el tráfico aéreo, la vigilancia de fronteras, la seguridad nacional, no sufrirían. Los museos tendrían que cerrar y la emisión de visas y pasaportes pararía, así como muchas otras oficinas del gobierno.

El fenómeno no es nuevo y sucede cíclicamente cuando el Congreso no se pone de acuerdo para aprobar el presupuesto del año siguiente sometido por el presidente. Desde 1981 la paralización parcial del gobierno norteamericano se ha dado 14 veces; a veces el paro duró un día, a veces más de un mes. En el 2019 los legisladores demócratas rehusaron aprobar cinco mil setecientos millones de dólares que Donald Trump pedía para su muro en la frontera con México.

En el caso del presupuesto del 2022 son importantes las cifras. El presidente Biden se quiere gastar seis billones (de los nuestros) de dólares, el año próximo. Tres cuartas partes, aproximadamente, en infraestructura de comunicaciones, educación y medio ambiente. El resto arrojará un déficit de un millón ochocientos mil morlacos. Para llegar a esas cifras, el presupuesto considera subirle los impuestos a las empresas e individuos de mayores ingresos, sin aumentar un centavo fiscal a los que ganan al año menos de 400 mil dólares.

Para evitar esa quiebra parcial, el Congreso aprobó de última hora y el presidente firmó una ley de continuidad y financiamiento que pospone la «quiebra» hasta el 3 de diciembre, dándole un respiro a la economía. Es muy probable que antes de esta fecha se pongan de acuerdo para evitar un serio problema que podría afectar a la economía mundial, especialmente a los países grandemente dependientes de los Estados Unidos: ahí nos hablan.

Dios nos agarre confesados si los gringos no se ponen de acuerdo. Pero eso es parte de nuestra historia y, como vamos, no va a cambiar en un plazo breve. Por ello debemos considerar muy bien nuestro voto.

PARA LA MAÑANERA (porque no me dejan entrar sin tapabocas): con todo respeto, señor presidente: la prisa de su consentido doctor López Gatell y la suya propia, llevaron a muchos mexicanos a ser vacunados con los químicos llamados Sputnik V, de Rusia y Sinovac, de China. Ahora resulta que la vacunación con esas dos sustancias no es válida para entrar a los Estados Unidos. ¡Síganle jugando a sus numeritos inflados u ocultos, según sea la cantidad de vacunados o de muertos reales del Covid!

‎felixcortescama@gmail.com