Por José Jaime Ruiz

@ruizjosejaime

Para los honestos la fiesta dura una noche; la cruda, un sexenio. No hay honestidad en el ejercicio público de las funciones. Acabar con la corrupción es una tarea imposible, se puede amainar, no desterrar. Samuel Alejandro García Sepúlveda creció en la corrupción facturera, nada nos indica que eso vaya a cambiar. Los discursos bonitos son más bonitos que discursos. Algo, sin embargo, puede motivar al gobernador constitucional, esto es, entre menos corrupción de su gobierno, más posibilidades tiene de escalar puestos públicos, hasta su meta final, la Presidencia de la República.

Para sorprender, Samuel Alejandro tiene que distanciarse política y administrativamente de su familia, de su padre Samuel Orlando. Para su familia, el gobernador fue una inversión, por eso le metieron a la campaña la lana que les sobra. Nadie invierte a una campaña sin esperar ganancias, réditos. ¿Cómo se cobrará la familia lo invertido? Si lo hace, con corrupción, no hay de otra.

Una falacia que no hay que repetir es que si le va bien al gobernador en turno, le va bien a Nuevo León. A Rodrigo Medina de la Cruz y a Jaime Rodríguez Calderón les fue muy bien, pero a Nuevo León le fue de la chingada. Ellos se enriquecieron y los ciudadanos empobrecieron su vida pública. Si la va bien al gobernante, le va mal a los ciudadanos.

La pesadilla está enfrente y a veces no la vemos. La movilidad truena y los ciudadanos padecen y soportan el transporte público. Un gran acierto de Samuel Alejandro fue el de poner a Hernán Villarreal al frente del problema. ¿Logrará abatir el caos? Es difícil, no imposible. Lo poco que se logre y acumule, ya es ganancia ante el desmadre vial. La zona metropolitana de Monterrey será viable o no será.

El gran desacierto de Samuel Alejandro es que repitan en su gabinete dos funcionarios que han tenido mal desempeño, como lo son en seguridad Aldo Fasci y en finanzas Carlos Garza. El primero es un seguro fiasco en seguridad, no sé si pesó más su relación familiar con un socio de Samuel Alejandro que sus incapacidades manifiestas; Carlos, por su parte, vio pasar la corrupción del Bronco y nada hizo, es cómplice por omisión.

¿Hay qué creerle a un mentiroso? En campaña Samuel Alejandro nos propuso salirnos o modificar el pacto fiscal, ahora es el fan número 2 del presidente Andrés Manuel López Obrador. Nada nos ratifica que lo que sale de su boca sea verdad. Ni coherencia ni concordancia en sus líneas discursivas. Veleta, se acomoda donde el viento sopla. El cinismo no tiene cabida, después de doce años, en la vida pública del estado.

Ya nos dijo Mariana que nos guste o no, Samuel Alejandro será gobernador por seis años. Pero no se trata de gustos o de disgustos, se trata de reparar lo que otros deshilacharon. Tarea ardua, sin duda. Para avanzar, Samuel Alejandro tiene que ser lo que los otros no supieron o quisieron ser. García Sepúlveda tiene voluntad y ganas, no sé, sin embargo, si la tentación de la corrupción, como en su historia pasada, lo domine.

Si, por ejemplo, Samuel Alejandro usa la Unidad de Inteligencia Financiera estatal para su provecho y el de su familia, ya entramos en el círculo de la corrupción. La UIF federal se politizó y así la usa AMLO a través de Santiago Nieto. La unidad estatal puede no politizarse, pero sí convertirse en el brazo corrupto de la nueva administración.

Después de doce años, las expectativas ciudadanas por un buen gobierno se agotaron. A Samuel Alejandro se le da el beneficio de la duda. Sólo eso. No la benefactora certeza. El reto es enorme; la pesadilla, vigente.