Por Carlos Chavarría

Lo que está detrás del nuevo movimiento del péndulo del poder, dirigido a devolver todo el control de la energía a la CFE, no es ni las tarifas o las ganancias de los inversionistas en este importante ramo, lo que está en el fondo es si queremos y necesitamos más gobierno o más sociedad.

Aunque el problema del tamaño óptimo del gobierno es uno de los más clásicos en economía y no existe una solución que deje satisfechos a todos, pero en México sí sabemos que la posición super social ha servido para justificar los absurdos más increíbles de falta de resultados.

López Obrador y Bartlett pertenecen a esa generación que se confrontó con los que antes fueron conocidos como “tecnócratas” y que hoy el discurso oficialista los llama “neoliberales”.

Ese tipo de políticos siempre fueron partidarios del estatismo a ultranza, de un sistema de gobierno que en México surgió como respuesta de Calles para calmar a toda la familia revolucionaria dándoles una cuota de poder para que dejaran de pensar en golpes de Estado y asonadas.

Así las cosas, el estatismo mexicano no surge como una respuesta pensada para servir a la sociedad sino para servirse el grupo en el poder.

Con la llegada de Miguel Alemán se inicia la etapa de gobiernos civiles encabezados por abogados que todo lo formalizaron en una constitución y sus leyes que hablaba de una economía mixta, donde se reconocen al sector privado, un sector social (¿?) y el  sector publico, aunque lo que en realidad estaba subyacente era el control e intervención total por parte del gobierno.

PEMEX y CFE resultan de expropiaciones realizadas por el gobierno motivadas en el discurso para no depender de extranjeros y mejorar la soberanía mexicana, y hasta los 90´s del siglo pasado fueron utilizadas como el motor de toda la economía hasta que la corrupción e  ineficiencias se hicieron notar en una economía proteccionista y transferista, que ubicó muy mal los recursos que procedían de la energía.

Gran parte de las crisis económicas de nuestro país tienen su origen en la pésima administración del sector paraestatal que llegó a poseer más de 1000 empresas en giros tan diversos como cafeterías, cines, bicicletas, textiles y otros.

La experiencia mexicana y de la mayoría de los países es que las burocracias no pueden hacer de todo y controlarse ellos mismos, es un absurdo que en todas partes causa la creación de elefantes blancos y focos de corrupción institucional. México no es la excepción.

Ahora México cuenta con una sociedad preparada para hacerse cargo de muchas áreas que detenta el Estado. También el gobierno tiene la capacidad para controlar a cualquier inversionista que violentara las leyes en materia económica, no existe entonces razón para pensar que necesitamos más gobierno operando.

Hace mucho más sentido que el gobierno se dedique a controlar a los agentes económicos privados, en lugar de invertir capitales que no tiene, en giros de negocio para las que ya probó su incapacidad. Esta regresión económica la pagaremos todos en muy corto plazo y el péndulo se moverá de nuevo.