Por Félix Cortés Camarillo

Sin proponérselo, aunque yo estoy convencido de que el presidente López jamás hace algo que no tenga perfectamente planeado, Andrés Manuel López Obrador está logrando enterrar a los dos principales partidos de la oposición en México, el PRI y el PAN. O lo que quede de ellos.

El pretexto pudo haber sido cualquiera, pero el que nos ocupa es la anunciada contrarreforma energética del presidente López, que pretende eliminar de la generación de energía y de la industria del petróleo a la iniciativa privada, nacional y extranjera otorgando a dos anquilosadas entidades del estado, la CFE y Pemex, el monopolio de hecho de la extracción y el procesamiento del petróleo y la generación y distribución de la energía eléctrica. Tareas para las que las dos entidades no tienen ni la capacidad ni los instrumentos para cumplir.

El PRI y el PAN carecen de su fuerza política que uno se adjudicó y el otro conquistó tras años de lucha pertinaz; hoy esa fuerza está muy menguada y cualquier persona con elemental inteligencia entendería que solamente pueden tomar un rumbo de restauración de su peso político por medio de las alianzas y las coaliciones entre ellos dos, y con el resto de los partidos menores.

El presidente López sí lo sabe. Por eso está minando los acercamientos entre el PAN y el PRI, y en el terreno de las divisiones y polarizaciones se pinta solo. Ahora cuenta para ello con operadores que se suponen eficaces en el arte de comprar aliados, como Adán Augusto López, secretario de Gobernación, y para el caso de los energéticos Rocío Nahle, quienes ya están convencidos que tienen en la bolsa los votos del PRI en el Congreso, suficientes para hacer reformas a la Constitución.

Ni falta que hacen esos reclutadores.

Es evidente que el dirigente del PRI, Alejandro Moreno y su escudero el oaxaqueño Murat, ya están al borde de la rendición por debajo del agua. El presidente del PRI ha descalificado a cuanto correligionario suyo se oponga a los designios de la cuarta simulación. A la advertencia del PAN de que la posible actuación coordinada con el PRI peligra si los del tricolor apoyan la iniciativa presidencial, la respuesta de «Alito» fue que a él no lo presiona nadie. ¿Cuál prisa? dijo.Misión cumplida, jefe.

Presión ha pretendido ejercer el presidente López de la manera más pueril: Por un lado, y de manera específica, quiso darle línea a los priístas, exigiéndoles que escojan ya entre el PRI de Lázaro Cárdenas y el PRI de Salinas de Gortari. Le faltó la tercera opción: irse al PRI de Morena. López Obrador también amenazó con dar a conocer en su perorata llamada la mañanera, de quien dice tiene más televidentes que La Desalmada, los nombres y apellidos de los legisladores que voten en contra de su retrógrada intención.
Todos esos mexicanos debieran sentirse orgullosos que el presidente mismo haga público que están cumpliendo con su deber de conciencia y con su compromiso ciudadano.

PARA LA MAÑANERA (porque no me dejan entrar sin tapabocas): con todo respeto y candidez, señor presidente, quiero creer que los incentivos pecuniarios a los atletas olímpicos y paraolímpicos que representaron a nuestro país en Tokio, y que los cheques no vayan a salir de hule. Aún siendo sólidos, estos incentivos no curan la enorme corrupción e ineficiencia que campean en el deporte oficial mexicano.

‎felixcortescama@gmail.com