Por José Jaime Ruiz

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@ruizjosejaime

Si existe una maldita herencia financiera que ya estalló como bomba es la del Isssteleón. Un legado que dejaron el exgobernador Jaime Rodríguez Calderón y el aún no ratificado tesorero y secretario general de Finanzas –y también presidente de su Consejo Directivo–, Carlos Garza Ibarra.

El presidente del Consejo Directivo del Isssteleón, Ibarra Garza, se congratuló hace más de un año por la aprobación de la nueva ley que rige al instituto: “La aprobación en el pleno mostró la coincidencia del Gobierno del Estado, los sindicatos y el Poder Legislativo en la intención de mejorar las condiciones de bienestar de los trabajadores y de reducir la presión financiera que representa el anterior régimen de pensiones. Las aportaciones que hicieron los diputados a lo largo del debate, generaron un mayor valor a la nueva ley”.

Un año después de la alegría financiera de Carlos, las cosas siguen igual o peor en el Isssteleón: 1) Mantiene un déficit operativo que ronda los 23 millones de pesos mensuales por la pandemia de Covid-19; 2) déficit que alcanza los 11 millones por mes en condiciones normales; 3) enfrenta un juicio administrativo promovido por un proveedor al que se le rescindió un contrato y reclama más de 500 millones de pesos; 4) la cloaca, presumiblemente, también abarca la corrupción de parientes del exsecretario de Gobierno, Manuel González Flores.

¿El Bronco y Garza Ibarra cubrieron lo correspondiente en cada año de su sexenio al instituto? ¿A cuánto asciende el déficit real? Si se aumentaron las cuotas a los trabajadores en activo, ¿por qué el déficit sigue? ¿Todo fue sólo una fachada, como la de la Clínica de la Sección 50? ¿Acaso se mejoró la calidad del servicio médico? ¿Surten los medicamentos necesarios? ¿Por qué se reprograman las cirugías?

¿Ya le dijo Carlos a Samuel Alejandro cómo se solucionará el bono de octubre que reparten a los maestros estatales con antigüedad a partir de los 29 años de servicio? ¿Harán malabares presupuestarios como el año pasado? ¿Qué tanto supo Carlos Garza Ibarra, como presidente del Consejo Directivo, de las broncas del Isssteleón, de esa bomba que no desactivó a su debido tiempo?

Breverías

Antonio Dieck Assad, como nuevo director del Conalep, tiene el enorme reto de superar lo logrado por Roel Guajardo Cantú al frente de ese organismo. Ya se verá si su visión empresarial no traiciona la vocación social del Conalep. La incorporación de personajes de la IP al gobierno es la marca registrada de Samuel Alejandro.

El gafete anticorrupción o el gafete antimoches presentado por el gobernador es un mecanismo que ayuda a terminar con el cáncer, con el “asco” de la corrupción. Se trata de que los verificadores sean verificados, que la limpia empiece con las dependencias que, de alguna manera, pueden auditar: Tesorería, Comercio, Salud y paraestatales.

Fovileón o el acoso. Nada puede ser más condenable, y el gobernador electo se quedó corto en su crítica, que lo que sucede en el Fideicomiso Fondo para la Vivienda de los Trabajadores al Servicio del Estado. No sólo la comisión ilegal del 7 al 15 por ciento en los préstamos, sino la “intimidad”, el acoso sexual a las mujeres por parte de uno o más funcionarios. Inadmisible, Samuel Alejandro, inadmisible. Tu gobierno no puede tener servidores públicos que se “sexsirvan” con la necesidad de las trabajadoras.