Por José Jaime Ruiz

La reciente entrevista del gobernador Samuel Alejandro García Sepúlveda con Brozo, alias Víctor Trujillo, es la mejor manera de perder imagen. El “nuevo” político desciende a la comicidad impostada del viejo payaso. Cuando un político le responde a un histrión, automáticamente se convierte también en payaso. Entre el impresentable vestido de Mariana Rodríguez como “Cenicienta” y la conversación de Samuel Alejandro con Brozo, el ridículo se cuenta solo.

El escenario es un norteado campo de golf, tal vez mostrar un junco del río Santa Catarina hiciese más real la puesta en escena. Si Víctor Trujillo hubiera leído a Bertolt Brecht, las cosas cambiarían. En la simpleza del sketch, nadie espera a Godot. ¿Cuánto cobró Brozo por esta entrevista no a modo sino a modísimo? No estará el cobro en el presupuesto oficial, a menos de que sean ingenuos.

Samuel Alejandro optó por una comunicación social híbrida: mañaneras tres veces por semana (agenda setting) e intensidad en redes. ¿Era necesaria la entrevista con Brozo? No. A menos de que nuestro gobernador se sienta deslegitimado y quiera legitimarse. Pero legitimarse –las urnas lo hicieron– es un error de cálculo. La propuesta más seria de Samuel Alejandro es investirse de ridiculez y comicidad. En términos brozianos: la cagó.

Si Samuel Alejandro repite la fórmula de las mañaneras del presidente Andrés Manuel López Obrador, pierde. Las mañaneras presidenciales están hechas para vencer sin convencer. Hasta ahora Samuel Alejandro ha forjado un crédito social desde el desastre de su antecesor, el embroncado Bronco. Esto no le durará mucho si no lo encarcela. Las prioridades ciudadanas son otras: vivir o sobrevivir en una de las mayores crisis de nuestras generaciones. Hasta ahora el gobierno de García Sepúlveda es un gobierno de reacciones, no de acciones. Dice y predice, no hace.

“¿Ya llegaste… y luego?”, se pregunta el ciudadano. “¿Lo tuyo es Cenicienta, Brozo?”. Tal vez lo superlativo de la frivolidad no sea lo ridículo, sino lo patético. Pretender un cambio sin cambios sustantivos, es cambio de adjetivos, y sin adverbios. Samuel Alejandro no es un nuevo rostro, es la máscara de siempre.

Samuel Alejandro se pretende ejercicio de batuta, director de orquesta, lo hace bien, pero carece de música. Sus notas musicales no llegan a ser noticia. ¿Qué ha cambiado en Nuevo León con el arribo de Samuel Alejandro? Cada fin de semana de barbacoa, hay tacos.

La legitimidad auto-otorgada no es comunicación política. Lo real es el Castillo (Mariana) de gobierno o la Risca. El modelo impositivo de comunicación social es la vieja política. Aprende Samuel Alejandro: “Como lo ha demostrado Giroux, en sus trabajos de ética, existen dos tipos de información gubernamental: la informativa (en el sentido del derecho del público a la información) y la persuasiva (el Estado como maestro de ceremonias). Si se valoriza la comunicación ‘informativa’, se ve al ciudadano como responsable de su destino; si se valoriza la comunicación ‘persuasiva’, se ve al Estado como responsable de los ciudadanos, en detrimento de la libertad de estos” (Comunicación y política, Gilles Gauthier, André Gosselin y Jean Mouchon. Gedisa Editorial).

Samuel, ¿no te dijo Alejandro Junco, Carlos Loret o Víctor Trujillo que aparecer en Latinus es desaparecer de la 4T y de sus presupuestos? Por supuesto que no… Juventud, divino tesoro, cuando puedas llorar, no llores.