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CFE y PEMEX: la trampa burocrática… ¡Tiene solución!

Por Carlos Chavarría

Toda organización jerárquica tradicional siempre esta expuesta a que sus líneas de mando desarrollen paradigmas profundos que los atan y les impiden ver ms allá de los procedimientos que deben operar. Se vuelven defensores a muerte de los manuales de procedimientos y es poco probable que puedan formar organizaciones auto adaptativas.

Cuando una organización institucionaliza la rigidez en los procesos, las personas que los operan serán incapaces de aprovechar las oportunidades y riesgos imperantes, afectando muy seriamente los resultados.

De hecho, los procedimientos pasan de ser una buena herramienta de orden a convertirse en ataduras y se convertirán en inamovibles de bajo valor agregado, en un lastre.

Las organizaciones en las que los participantes no reciben beneficio directo y disfrutable, por la conducción de las operaciones, son mas propensas a caer en la trampa burocrática.

Veamos el caso de la NASA. El idealismo que le dio fuerza a la investigación espacial en los Estados Unidos y la convirtió en una organización emblemática y ejemplar, se disolvió y la convirtió en un «elefante blanco» burocrático [https://www.jstor.org/stable/976746] impidiéndole ver oportunidades que ahora algunas empresas privadas explotan con gran precisión.

El caso de KODAK es aún materia de estudio en la mayoría de los programas de administración. Siendo líder en el mundo de la fotografía y gran desarrollador de interfaces como el mouse y las gráficas amigables, su apego burocrático a lo analógico le impidió aprovechar las oportunidades digitales que su propia gente ya tenía desarrolladas.

Por supuesto, es mas fácil que las entidades públicas, sin dueño, como las gubernamentales, caigan en la trampa burocrática y se dediquen mas buscar expandir sus áreas de influencia que la mejoría en los resultados finales de su gestión .

En México, dos ejemplos clásicos de la trampa burocrática son PEMEX y CFE, dos empresas dedicadas a la energía pero de propiedad estatal que han evolucionado en su crecimiento de operaciones hasta convertirse en dos burocracias enfermas, con un muy alto nivel de ineficiencia, que son gobernadas por criterios bastante alejados de la productividad. Y que han obligado hasta al propio gobierno a depender de ellos en una simbiosis enfermiza que ya no permite ver con claridad casusas y efectos.

La reforma del sector energético que no es de Peña Nieto sino que viene desde Miguel de la Madrid, parte de la premisa de rescatar ambas empresas pero cambiando el papel de su operación para convertirse en la garantía de que ningún agente económico tome ventaja de nuestra dependencia energética, sin que al mismo tiempo esas dos empresas lleven a la ruina al país.

Las dos empresas están en la trampa burocrática y para salir de ella necesitan un profunda reingeniería, no es tan simple como se pretende con la contra reforma de pasarle la factura a todos los hogares mexicanos y a la cadena productiva nacional, como busca Bartlett.

Las empresas ahí están operando a como ellos lo entienden, tienen una enorme deuda y practicas anquilosadas, la deuda la tomará el gobierno (o sea todos nosotros) pero el país no puede esperar a que mejoren sus tecnología y abasto.

Ya no pueden ejercer como monopolio porque arruinarían al país. Pero sí pueden migrar poco a poco a tecnologías más eficientes y mantener su rol de regulador efectivo del mercado energético nacional. Impidiendo así que otras empresas, privadas o públicas, se conviertan en agentes predominantes y caigamos en el mismo error originario de la trampa burocrática que las sumió perdidas. ¡Sólo se trata de competir y ganar como lo hacemos todos los días los mexicanos!

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Vía / Autor:

// Carlos Chavarría

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Autor: lostubos
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