Por Carlos Chavarría

Cuando el actual presidente de México armó su gabinete, dijo con mucha claridad que para él era más importante la lealtad que la capacidad y así lo hizo: su gabinete y sus funcionarios son amanuenses a toda prueba del Ejecutivo que reproducen los designios del Sr. Presidente al pie de la letra.

Basta asomarse a las declaraciones de funcionarios diversos que, en defensa de la voluntad presidencial, se ven obligados a hacer para no desentonar con su servilismo y abyección.

Los más decentes han preferido abandonar lo que supusieron representaba una esperanza para México, pero que la realidad los ha confrontado con sus principios y por eso decidieron salirse del juego de la lealtad mal entendida, porque se trata de ser leales a la nación y no a un líder cualquiera que este sea.

Nada más basta con dos tristes ejemplos de la pobre condición de aquellos funcionarios públicos acomodaticios, la secretaria de Energía, Rocío Nahle, y el dizque director de la CFE, Manuel Bartlett.

De Manuel Bartlett, personaje del paleolítico político mexicano que, por su protagonismo, sin vergüenza alguna ha podido sobrevivir a  diferentes escándalos en los que se ha envuelto por el poder, pero siempre cambiando de bandera con toda oportunidad para recuperar su carrera. Es de esos políticos que cumplen a la perfección con el arte de comer mierda sin hacer gestos con tal de servir a su patrón de turno y seguir en el presupuesto.

En un país que viviera en una normalidad democrática, Bartlett por supuesto no tendría cabida alguna, pero los momentos políticos que estamos viviendo distan mucho de ser normales y podemos esperar a Barteltt haciendo daño por más tiempo.

Bartlett es el peor defensor de la regresiva contrarreforma eléctrica que pretende hacer la administración para volver el tiempo atrás y darle fuerza al monstruo que es la burocracia de la CFE, es él pero no solo por su conocido pasado casi delincuencial, sino por su ignorancia absoluta en la materia.

Lo que no resulta comprensible es el caso de la secretaria Nahle, pues ella sí sabe del tema y no parecía caer en el modelo de fidelidad cínica que demanda el presidente para su gabinete.

La secretaria de energía sabe que la ciencia y el conocimiento en el tema de energía no son modelables al gusto del presidente de turno y se ha dedicado a navegar en un mar de contradicciones que la dejan muy mal parada en su calificación para el cargo, pero muy bien para el de lealtad a ciegas aunque vaya al sacrificio.

La realidad es que la solución a nuestros problemas técnicos y económicos va en el sentido que de haya menos gobierno y más sociedad, donde el gobierno sea la entidad controladora por excelencia, pero no la operadora pues ya tenemos suficiente historia para suponer que ese poder no puede estar en manos de burócratas que solo van de paso en el sector público y que poco les importa los efectos que causarán una vez que termine su ciclo, pero los problemas ahí seguirán afectándonos a todos.