Por Carlos Chavarría

Pareciera que todos los nuevos burócratas, que siempre llegan a los gobiernos, viven en otro planeta. Pues sólo así se explicaría cómo en una época de recesión  -en la que ya estábamos sumidos y la pandemia agravó– se les ocurre elevar los impuestos. Más aún cuando todos los indicadores muestran que el ingreso de todos los hogares se ha reducido sensiblemente y al mismo tiempo la inflación se está acelerando.

El INEGI reporta en su Encuesta de Ingreso Gasto de los Hogares (ENIGH) de 2020 [https://www.inegi.org.mx/contenidos/saladeprensa/boletines/2021/EstSociodemo/enigh2020.pdf] que el ingreso promedio de los hogares bajo un 7.2 % entre 2018 y 2020. En 2020 el ingreso promedio trimestral fue de $50,309 mientras que en 2018 era de $54,418. La inflación durante el mismo periodo fue de 10.69%, produciendo un decaimiento conjunto en el poder de compra de 17.89 %. Ningún decil de los hogares escapó a esta debacle.

En el mismo periodo los ingresos municipales percibidos por los de Nuevo Leon[https://www.inegi.org.mx/programas/finanzas/#Tabulados] se redujeron en 2.5%, cantidad mucho menor que el impacto en los hogares, cuando a obra pública destinaron el 20.1%, sobre todo con aportaciones federales.

Los números muestran que no puede exprimirse más a los hogares mexicanos, en tanto el gobierno federal insista en una política económica recesiva ubicando mal los escasos excedentes disponibles. Los estados y municipios deben ajustar su gasto corriente, de suyo muy exagerado, antes de pensar siquiera en elevar más la carga a los ciudadanos.

Sólo en dos conceptos -y usando la misma fuente de datos- servicios personales y servicios generales, en 2020 los municipios de Nuevo León gastaron 9,302 y 6,571 millones de pesos en ambos rubros, lo que resulta insostenible de persistir el estado económico de las cosas.

Ya basta de recurrir al fácil expediente de inventar replaqueos, de elevar los prediales, las tarifas de agua y los demás cargos a los hogares de Nuevo León, amparados en los desastres de las administraciones anteriores.

La única forma de salir de esta trampa es participando, pues los problemas no se arreglan solos. Identifique a su diputado, sus regidores y alcemos la voz, recurramos a las redes sociales y medios de comunicación para hacer sentir que ese no es el camino.

Aquí, ¡o todos coludos o todos rabones!