Por José Jaime Ruiz

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Monterrey es una sociedad –como sociedad de servicios– donde la civilización del espectáculo se impone: Sultanes, Rayados, el futbol profesional en su versión femenil, Fuerza Regia en basquetbol, Borregos y Auténticos Tigres, tenis internacional, Pa’l Norte y muchos más eventos musicales.

José Natividad González Parás le apostó al Fórum Universal de las Culturas y Fernando Canales a la Serie Cart Monterrey Grand Prix para posicionar a Nuevo León planetariamente. El mayor espectáculo de Rodrigo Medina fue presentar al fallecido Juan Gabriel y el Bronco, Jaime Rodríguez Calderón, se conformó con exhibir a su caballo Tornado. En la pompa y circunstancia, tuvimos también un desfile de 46 globos gigantes, imitando a los desfiles neoyorquinos, en época de Margarita Arellanes.

En días recientes se llevaron a cabo en la metrópoli el Festival Santa Lucía y el Pa’l Norte. Uno se pretende espectáculo cultural, el otro espectáculo musical a secas. El Santa Lucía puede mejorarse teniendo, esencialmente, una vocación nativa, contratar a los artistas locales para que presenten sus obras teatrales, literarias, plásticas, dancísticas, emergentes y alternativas. Si eventos como Pa’l Norte no respetan el ambiente ni se hacen cargo de los desastres que dejan a su paso, es mejor reubicarlos. Y si existió presupuesto para el Santa Lucía, hay que inocularle dinero al próximo Encuentro Internacional de Escritores.

Escribió Mario Vargas Llosa: “¿Qué quiere decir civilización del espectáculo? La de un mundo donde el primer lugar en la tabla de valores vigente lo ocupa el entretenimiento, y donde divertirse, escapar del aburrimiento, es la pasión universal”.

En Nuevo León podemos ser más, mucho más que aborígenes de la civilización del espectáculo. Y así, ¿qué eventos apá?