Por José Francisco Villarreal

Durante mis algunos añitos trabajando para la televisión, tuve la oportunidad de ver de cerca a muchas celebridades. No digo conocer porque sería muy pretencioso. Es difícil conocerse hasta a sí mismo a pesar de estar juntos toda la vida. Siempre hay una sensación agradable constatar que personas que se habían visto en fotos, TV o cine, son bastante reales. Comprobar que ocupan un lugar en el espacio, que son más o menos altos que uno, que estornudan y tosen sin guion, que son tan comunes y corrientes como uno mismo, sólo que con mucho “marketing”.

A decir verdad ninguna de esas celebridades me aleló tanto como para perseguirlo como tábano, o soltar el llanto emotivo, más bien histérico, como el de esas “famosas” seguidoras de Justin Bieber. Por supuesto que jamás cacé a ninguno de estos seres excepcionales para comprometerlos a tomarnos una foto… No me tomo fotos ni conmigo. Incluso, alguna vez, una excelente actriz a la que admiro me mandó llamar para tomarnos la foto, a lo que yo con mucha pena me negué porque estaba muy ocupado. Y de verdad lo estaba.

No es que repudie a quienes coleccionan fotos con famosos, sólo que yo no entiendo la trascendencia de una instantánea que, a la postre, no significa nada. Luego del “click”, el famoso desaparece de la vida del oportuno fanático y éste jamás entrará en la vida de aquel… “Vanitas vanitatis et omnia vanitas”.

Pero comprendo que esos detalles inútiles eventualmente podrían incluso darle sentido a la vida, así sea un sentido fantástico. Mejor “Laissez faire, laissez passer” (Dejar hacer, dejar pasar) diría aquel economista galo, que si viviera en este régimen, andaría multiplicándose en fotos con políticos y empresarios. Sólo en este caso el sentido de la foto sería diferente. Para empezar porque dentro del género humano, se trata de dos subespecies simbióticas. A Dios gracias, no son parte del género humano corriente y común al que pertenecemos la inmensa mayoría. Si bien… hay híbridos.

Para un “cualquiera”, la foto con una celebridad apenas sirve como escenografía personal, meternos con calzador en un cuento de hadas. Da igual que sea un artista, un deportista, un político, un líder religioso, todos son nuestra escenografía de cartón, papel picado y lentejuela, altarcitos para un tímido ego. Pero si es un político quien se toma la foto con una celebridad, el sentido cambia completamente. Es casi una forma de vampirismo. En la foto, el político toma por asalto el pedestal del célebre, se monta en su monumento, asume suya su fama succionándole popularidad y hasta sugiere empatarle en cualidades.

Yo supongo que Saúl “El Canelo” Álvarez y su entrenador se sintieron halagados cuando el Senado de la República los invitó para otorgar un reconocimiento a Eddy Reynoso. ¡Qué absurdo! ¿Reconocimiento? Si hasta yo, que no me gusta el boxeo, sé quién es “El Canelo” y tengo una ligera idea de quién es Reynoso, pero apenas si identifico pálidamente a una docena de senadores. Saúl y Eddy debieron sentirse muy emocionados cuando los representantes del pueblo mexicano, que normalmente chacotean a gusto, se pusieran solemnes con ellos. Eso ya tiene su mérito. Pero la verdad es que de todo ese contingente reunido en el recinto, “Canelo” representa mejor y a más mexicanos. Por lo menos les da más satisfacciones, así sea a punta de puñetazos; se nos parece más, también damos, recibimos y aguantamos golpes.

Como era de esperarse en ese lugar tan farandulesco, la seriedad de ese acto solemne duró poco. El pugilista fue abordado por los legisladores para tomarse la foto y, por supuesto, subirla a las redes de inmediato. No sé si también hubo llantos y grititos histéricos, como las “beliebers” regias. Algunos sollozos sí debió haberlos. Quedaron al fin las fotos donde se constata la “paridad” del político y el campeón. Y pasará, como ha pasado siempre en fotos con políticos, que algún día, algunas de esas fotos no le añadirán lustre sino opacarán al deportista. Esta vez, con unas cuantas fotos, los senadores se pusieron los guantes e, ¡insólito!, pero noquearon al “Canelo”… ¡en el primer round!

¿Y el entrenador de Saúl? Sí, creo que Eddy también andaba por ahí.