Por José Jaime Ruiz

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En Nuevo León no existe la oposición, existe más que composición, componenda y, por tanto, descomposición. El PAN, por ejemplo, dejó de ser aquella oposición de Pablo Emilio Madero y, posteriormente, de Fernando Canales, para transformarse en un partido desalmado, sí, Acción Nacional perdió espíritu, carece de alma. Ahora lo dominan camarillas que velan por sus intereses económicos y políticos, no por su ideología original.

Pongo el caso de los blanquiazules. Carlos Castillo Peraza, al intentar dibujar al PAN, aseguraba que “La pura actividad interior que finalmente puede llegar a ser patológica, nos inmoviliza y nos carcome. Nos enfrentamos al interior por ser incapaces de oponernos al exterior y acabamos por perder el contacto con la realidad y convertimos al amigo en adversario”.

Las cosas cambiaron, las camarillas de Acción Nacional convirtieron a los adversarios en amigos, en compadres. Y la realidad que ven no es la del ciudadano, de tal suerte que en Nuevo León el PRIAN subsiste de la mano de Paco Cienfuegos, Víctor Pérez, Zeferino Salgado y Raúl Gracia.

El prianismo en Nuevo León se gestó con la ruptura de Zeferino Salgado y su salida del comité estatal hace diez años. Los diputados locales de Chefo votaron en ese entonces a favor de que el tesorero fuera Othón Ruiz Montemayor. La componenda entre el PRI y el PAN había nacido.

“Sueño con un partido al que no lleven al baile con el chantaje político de los recientes conversos a la democracia, o con el apapacho de quienes apenas empezaron a hablar de política y mueren por el apapacho de un recién converso a la democracia. Somos o no somos. Sueño con ese partido. En un partido que no se sienta en una mesa a ver qué hace, sino que va a la mesa porque antes supo qué tenía que hacer.

“(…) No desconozco, nadie puede desconocer hoy, lo que vale, lo que pesa y lo que cuenta una organización. Pero una organización sin alma se muere de sí misma: es una serpiente que se muerde la cola”. Y el sueño de Castillo Pereza terminó en el limbo que, creo, ya tampoco existe.

A la cohabitación compleja del prianismo se une ahora la acción gubernamental de Samuel Alejandro García Sepúlveda. Para que el gobierno no se le vaya como agua entre las manos, el titular del ejecutivo ya negoció con las camarillas, grupos de poder y poderes fácticos. A pesar de sus conflictos, toda cohabitación compleja es agregativa e integrativa y, dentro de su intrínseco sistema corrupto, esencialmente connivente.

Corrupción, inseguridad escalando, contaminación, salud, presupuesto. ¿Y dónde están los diputados de oposición, los partidos políticos de oposición? En su propia fiesta, pasan los sexenios y nadie les quita lo bailado.