Por Félix Cortés Camarillo

Bien puede el presidente López retacar el Zócalo de acarreados para rendir su llamado informe, sin preocupación alguna por las posibilidades de contagio que las instancias nacionales sensatas e internacionales nos han advertido, que todas las modalidades del Covid 19 implican las reuniones multitudinarias. El día de ayer se dio el banderazo no oficial con la plaza –como dirían los taurinos– hasta la bandera, a la campaña por la sucesión presidencial, en la que doña Claudia Sheinbaum, es selecta protagonista designada sin tapujos por el presidente.

No debe olvidarse que, según dice el papelito que llamamos ley, toda congregación o acto público que tenga lugar en los confines de la ciudad capital debe tener autorización precisamente de la señora Sheinbaum.

Es ella la que nos ha informado que los mexicanos mejor nos olvidemos de las posadas, esa fiesta tradicional en proceso de extinción que debe comenzar a partir del 13 de diciembre, recordando y emulando el peregrinar de José y María preñada en busca de un albergue en donde esperar el alumbramiento de Jesús. 

Esta y muchas tradiciones populares mexicanas se han ido desvaneciendo. Justo es decir que excepcionalmente esto no es consecuencia de las torpezas y tercas decisiones de la cuarta simulación; más bien, si el Día de los Muertos ha sido sustituido por los jóvenes mexicanos por el Halloween, las posadas por la Hanukaah y la Semana Mayor por el Spring Break mariguano y coco, todo ello es consecuencia de la implacable globalización que gradualmente aniquila fronteras y unifica costumbres y lenguas, con excepción de las situaciones que los políticos inventan para contener su avance. Eso, aunque sea inevitable, no deja de provocar cierta nostalgia entre los que tuvimos la fortuna de lanzarnos al piso a recoger colación, cacahuates y otros trofeos de las guerras pírricas de los niños, trofeos recolectados de entre los restos de la piñata rota.

Lo que nos demostró el mitin placero de ayer, con todos sus peligros de nuevos contagios de toda índole que no serán contabilizados por autoridad alguna, es que algunas tradiciones no solamente se niegan a desaparecer sino que cada vez agarran nuevos ímpetus. Todos los que soñaron que el acarreo de feligreses impelidos por sus miedos y su miseria a manifestaciones de apoyo habían pasado a la historia con lo que queda del PRI, se equivocan. La masa sigue acudiendo porque las asambleas son de a pollo…y de a huevo.

Muchas felicidades, señor Presidente… Siga triunfando en la convicción de que no entendemos las bondades del feliz mundo que Usted nos ha forjado a golpe de decretos, destituciones, asignaciones y nombramientos. Viva la democracia.

PARA LA MAÑANERA (porque no me dejan entrar sin tapabocas): Le informaron mal, presidente: Monreal no dijo que si él no era el elegido se iba…brincos de gusto iba usted a dar.

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