Por Omar Cervantes Rodríguez

Cursaba en 1989 la materia de seminario de imagen organizacional en el Tec de Monterrey, cuando el entonces profesor, Sergio Sierra, hoy colega consultor, mencionaba que uno de los ejemplos para un cambio de identidad necesaria era el Partido Revolucionario Institucional, del cual comentaba que ya había esfuerzos para su reposicionamiento ante el desgaste de la marca.

Menciono el tiempo de aquellas clases, en las que se ponía al PRI como ejemplo, para que nos demos idea desde cuando el otrora partidazo tricolor vive crisis de identidad y de posicionamiento público; o, al menos, de los primeros intentos en hacer algo por una marca que dejaba de conectar con todos sus públicos de la mejor manera.

En aquel entonces el PRI cumplía 70 años desde su fundación y recién acababa de ganar las cuestionadas elecciones presidenciales de 1988 para llevar al poder a Carlos Salinas de Gortari.

En uno de esos intentos reformadores que los propios priístas reconocen, su líder nacional en aquel entonces, Luis Donaldo Colosio Murrieta, dirigió en septiembre de 1990 la XIV Asamblea Nacional del partido, misma que generaba grandes expectativas y se pensaba que sería el surgimiento de una nueva etapa desde su fundación en 1929, su transformación de PNR en PRM, su constitución como PRI y, se esperaba, la que sería su resurgimiento ante el crecimiento de las fuerzas opositoras que representaban el Frente Democrático Nacional y el Partido Acción Nacional.

Colosio Murrieta sería candidato del PRI a la presidencia de la República en 1994 y se pensaba que podría representar el relanzamiento del tricolor, lo cual al menos para él fue imposible de conocer, ante su trágico homicidio el 23 de marzo de ese año, con lo que se truncaba también para muchos, la posibilidad de una verdadera reforma en ese instituto político.

En 1994 el candidato sustituto, Ernesto Zedillo Ponce de León, arrasó la elección presidencial, seguramente por la herencia moral y emocional que le dejó Colosio Murrieta. Aunque el que habría de portar la banda de presidente, parecía alejarse de su propio partido y seis años más tarde entregaría el poder, por vez primera en unas elecciones postrevolucionarias, a la oposición encabezada por el panista Vicente Fox Quesada.

Zedillo y su famosa “sana distancia” del PRI marcaría a la postre en el 2000 la primera derrota del tricolor en una elección presidencial, sin contar el avance opositor en algunas ciudades y estados.

A más de 21 años de esa derrota, hoy la dirigencia nacional del PRI, encabezada oficialmente por Alejandro Moreno Cárdenas, no sólo enfrenta hacia el interior de su partido una corriente reformadora que lo desacredita, sino que en días pasados se vio envuelta en un debate mediático de declaraciones con el heredero de Colosio Murrieta, el alcalde de Monterrey emanado de Movimiento Ciudadano, Luis Donaldo Colosio Riojas, quien acusó a los priístas de “ultrajar” el nombre de su padre.

Inmediatamente en cafés políticos, en círculos de priístas y no priístas, en conversaciones grupales por mensajería móvil y en los medios de comunicación, crecieron las voces en contra de Moreno Cárdenas, no sólo reprobando su postura pública contra Colosio Riojas, a la sazón, una de las revelaciones en las encuestas presidenciales rumbo al 2024, sino porque cada vez crecen más las críticas hacia la dirigencia nacional que el pasado fin de semana durante la XXIII Asamblea Nacional, decidió “pintar su raya” del neoliberalismo y pronunciarse por ser “un partido de centro izquierda, progresista, socialdemócrata y alejado de los extremos ideológicos”.

En lo que algunos consideraron esa definición de agenda más identificada con Morena que con el priísmo de origen, la lluvia de críticas fue mayor para Moreno Cárdenas cuando “espontáneamente” fue destapado como candidato de ese partido para la presidencia de México en el 2024, lo que marca una escisión aparentemente sin reversa al interior de ese instituto que hoy ocupa la tercera o cuarta posición en las preferencias electorales.

Aunque hay quienes sostienen que el PRI puede volver a resurgir como lo ha hecho en otros momentos de su historia, la realidad es que los pronósticos para los próximos procesos electorales en los estados, en los municipios y en el país, lucen un panorama sombrío. Por lo que ya se habla más del ocaso de este instituto, que de una posible renovación o refundación de este.

Los expertos en procesos electorales tendrán una mejor proyección de los números realistas para el PRI en los siguientes comicios, aunque lo cierto es que hoy por hoy es una marca que goza de muy mala reputación.

Desde el magnicidio de Colosio Murrieta a la fecha, en 27 años, el PRI sólo ha tenido dos presidentes de la República, Zedillo Ponce de León y Enrique Peña Nieto, ambos habiendo entregado el poder a la oposición y pintando el mosaico electoral nacional de otros colores, en los 2000 de azul y desde el 2018 de marrón Morena.

El tiempo tendrá la última palabra.