Por José Jaime Ruiz

Cuando un historiador no es escriba ni diletante, maravilla. Artemio lleva arte en su escritura, Benavides Hinojosa: prosa bienvenida. Poco sé de libros sobre Bernardo Reyes, la oración de su hijo me conmueve. Dejo a Artemio, lo conocí leve, su artesanía:

“Su patriotismo era patente no como una breve y calenturienta expresión emocionada. En (Bernardo) Reyes el patriotismo no constituyó un refugio de desacatos y pillerías ni una conmemoración de demasías –de ninguna manera–, ya que permaneció siempre fiel a su idea de construcción nacional que Porfirio Díaz y su generación consolidaron. Respetable por tantos motivos, criticable por innumerables razones, superable por la fuerza de las cosas”.

Bernardo Reyes, porfirista, “corrigió” a Santiago Vidaurri. Con Reyes, Nuevo León dejó de ser Nuevo León. Apenas león. Samuel Alejandro García Sepúlveda quiere rugir, lo suyo es susurro. Santiago quiso historia, lo hincaron. Bernardo pidió demasiado, lo jodieron. La sangre es nuestra historia, dos gobernadores, uno sin oración, otro orante.

“¿No hay propiamente historia?, ¿solo biografía? Tal vez.

“La historia no ha sido entre nosotros, la más de las veces, sino un ejercicio de desmemoria, una continuada estipulación de falsos triunfalismos, una reiterada colección de alabanzas de inútiles progresos, de ‘avances hacia atrás’. Las excepciones son notables por escasas”.

Se queja Artemio. Las decepciones son notables por promiscuas. Ni Santiago ni Bernardo. Si hay certeza y cultura, Raúl Rangel Frías. Todo indica que, como ***El Bronco***, Samuel Alejandro será un perdedor. Habla mucho, hace poco. Votamos porque botamos. Ni modo.

Regreso a Artemio y su tristeza: “Las biografías de los perdedores en esta centuria triste y amarga que se despide, no acaba dándonos esa ‘visión de los vencidos’ que requerimos para tener una equilibrada visión del pasado donde, después de todo, uno tiene que vivir porque, ¿dónde más podemos vivir? Decía Chesterton que vivir en el presente es como proponer en la punta de una lanza: es débil como soporte e incómoda como posición; vivir en el futuro, agregaba, es una contradicción en sus términos porque el futuro está muerto, en el sentido perfectamente de que no está vivo”.

Las quejas del difunto Artemio son válidas. Encontrar el presente, no. Nuestros buenos muchachos poco saben cuando saben. Andrés Mijes sabe; César Garza sabe; Cristina Díaz sabe; Luis Donaldo, aún no; Samuel García, no. Miguel Treviño hace Europa y los sampetrinos no lo saben. Soy díscolo con lo rural, ni cazo ni agricultor.

“¿Para qué seguir? Los hombres de aquel sistema político no se merecen el olvido ni su encierro en la contradictoria memoria, menos que nadie Bernardo Reyes”.

Pocos sabemos de una contradictoria memoria.

Sigue Artemio en su libro: “Sus esfuerzos y penalidades, sacrificios y demasías, su patriotismo y su ambición, sus triunfos y sus infortunios, sus luces y sombras desde sus luchas…”.

¿Gobernar o desgobernar? En la tristeza del poder, poco cambia. “Bernardo Reyes, primero, minimizó las fuerzas”. Hay poder en el poder.

“En México, durante 1911, no había sino polémica, por el fraude electoral y la casi certeza de que el orden político no podía cambiar sino por la fuerza”.

Fuerzas tantas. Ahora. ¿Ahora?

@ruizjosejaime