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Por Félix Cortés Camarillo

De Atila el huno tenemos y conservamos una imagen más mítica que histórica, como suele suceder con estos grandes guerreros de aquellos tiempos. Esa imagen se asocia mucho más a la brutalidad destructiva que a la estrategia inteligente. Dícese que sobre la tierra que pisara Atila, sus bestias y sus hombres, difícilmente crecería nuevamente el pasto.

            La Historia nos ha enseñado que en el difícil arte de construir la civilización -que no es la cultura- los procesos destructivos son extremadamente fáciles de llevar a cabo. Se requiere simplemente de una fuerza enorme, una decisión férrea y una codicia ciega. Lo difícil, y eso lo demuestra también la Historia, es edificar, construir, avanzar en el progreso de las ideas y las realizaciones, incluso las materiales. Para echar mano de un ejemplo mucho muy reciente, un fenómeno que México va a tener que resolver en un futuro no muy lejano, so peligro de fracasar estrepitosamente en su proyecto de país moderno y civilizado, reza que sacar a los soldados de los cuarteles a la calle es muy fácil. Regresarlos a los cuarteles no lo es.

            La cuarta simulación no ha mentido. Se encuentra desde hace tres años en un empeño destructivo de todas las instituciones que en el lento proceso democratizador los mexicanos hemos conseguido. La cuarta transformación quiere someter a cada una de esas instituciones autónomas y de conrol, que impidan la concentración de poderes en una sola persona en contradicción con la separación de los poderes.

            Lenta, pero implacablemente, el poder ejecutivo ha destruido lo que fue la Comisión Nacional de los Derechos Humanos. Cotidianamente embate en pos de «limpiar» el poder judicial, entendiendo esa limpia como el sometimiento al Ejecutivo. El poder legislativo fue el primero en caer mayoritariamente en manos de Morena, que es simplemente una nueva edición corregida y aumentada del PRI corrupto y mañoso. El Conacyt, institución respetable de investigación científica, ha sido copada, de la misma manera que el INEGI, que era hasta ahora la única fuente posible de información certera sobre la realidad del país, sobre la cual el presidente López siempre tiene «otros datos».

            Pero la joya de la corona es el INE. Una de las más respetadas instituciones que aún no ha caído en las manos de López y sus secuaces. Antes de que este año termine, el INE va a recibir el bazucazo final que será denunciar como anticonstitucional por no realizarle a tiempo y modo la payasada de la revocación del mandato que López Obrador reclama en so formato de ratificación de mandato y futura agresión al principio de la no reelección. Un juguete que el presidente López está empeñado en que se lo traigan los Reyes Magos.

            Más tarde o más temprano lo va a lograr.

            La única esperanza que tenemos los mexicanos para las futuras generaciones es que vuelva a salir pasto encima de las huellas de este Atila de nuestro tiempo, sus bestias y huestes.     

            Aunque desde luego, sabemos que la reconstrucción siempre toma más tiempo, trabajo e inteligencia.  Espero que tengamos nosotros, o nuestros hijos y nietos, todo ello en abundancia.

‎felixcortescama@gmail.com

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// Félix Cortés Camarillo

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Autor: lostubos
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