Por Carlos Chavarría

Como todos los organismos autónomos, el INEGI le resulta bastante incomodo al presidente López Obrador. Desde su arribo a la presidencia anunció que él diseñaría un cuadro de indicadores económicos que fuera mas apropiado para medir “ el bienestar y la felicidad” y que substituya a los que están actualmente en uso en el tema de estadísticas nacionales.

Ahora con la nueva dirección del organismo, de un plumazo la presidencia quiere no sólo borrar la historia [http://ovsyg.ujed.mx/docs/marco-normativo/Antecedentes_de_la_estadistica_en_mexico.pdf] que le dio origen al INEGI en 1983, sino romper con toda la consistencia estadística que ha descrito el desarrollo de nuestro país en todas sus etapas.

Es cierto, nada hay mas elusivo que la verdad. En el mundo real no existen verdades o mentiras, sólo hechos o sucesos, aunque lo real también es muy travieso y se puede transfigurar debido al problema de la medida y la simbología usada para convertir los puntos de datos  en estimaciones sobre la conducta y fenómenos que rodean el acontecer.

También es cierto que se puede mentir o medio mentir engañando con los datos, sobre todo si son sujetos a manipulaciones metodológicas diversas, pero lo que ocupa el presidente es que los datos “del INEGI” coincidan con su discurso cotidiano y no al revés.

Allan Greenspan, ex jefe de la FED de los Estados Unidos por casi 15 años dijo: “…si los pronósticos no coinciden con la realidad, peor para la realidad”. Mas o menos así esta el animo estadístico de la presidencia.

Más perdido no podría estar el futuro del país cuando el tablero de control del avión, que le permite al gobierno guiar sus pasos, apunta sí, pero a un país que no existe.

Aquellos que asesoran al presidente deben ser algo perversos porque si las estadísticas se han ido perfeccionado con los años, es porque de nada sirve tapar el sol con un dedo, cuando las cosas andan mal.

¿Qué caso tendría hablar de una inflación menor cuando en el comercio los ciudadanos se topan con la versión más cruel del aumento de precios? ¿Tendría sentido hablar de alguna forma nueva de medir el bienestar, cuando el crecimiento económico o PIB indica una tragedia nacional, que se vera reflejada en la falta de oportunidades de empleo e inversión?.

Es tan absurdo como tratar de medir la realidad con puras encuestas acerca de la “percepción” de los fenómenos, mas aún cuando lo medios de comunicación y las redes sociales distorsionan la información alterando la opinión publica.

Sin embargo, no debemos olvidar que si bien el gobierno puede llevar sus estadísticas, en el INEGI también hay otras organizaciones publicas y privadas que con toda seguridad harán lo propio para poder seguir operando en el país porque las mentiras podrán servir para engañar pero no para mejorar el estado real de las cosas.

No debemos olvidar que antes de 1983, antes del INEGI, era deporte nacional mentir por parte del gobierno y hasta se hablaba del “milagro económico mexicano” que se esfumó ante las primeras tensiones causadas por el manejo irresponsable de Luis Echeverría de la soberanía monetaria que recién durante su gobierno recuperó la hacienda mexicana.

Perdón, olvidaba que es hacia esa época a la que busca regresar la 4T.