La proliferación de indocumentados en tierras regias, en especial de haitianos en Monterrey, es cada vez mayor, y se esperan lleguen más de mil personas en las semanas entrantes.

El flujo de migrantes, no sólo en la Casa Indi, o en las calles, sino ya en el transporte urbano, en la Central de Autobuses y hasta en comercios, es cosa de todos los días.  

Por eso, es que expertos subrayan que es importante prevenir antes que lamentar su permanencia en tierras de Nuevo León.  

Dicho ello, expertos en el tema, junto con integrantes de la Facultad de Trabajo Social y Desarrollo Humano de la UANL en voz de María Elena Ramos Tovar, María Zúñiga Coronado y Laura González García, revelan el calvario de los migrantes.  

Las expertas han hecho varias publicaciones y dialogaron sobre la importancia del trabajo binacional México-Estados Unidos sobre trabajo social e investigación que se requiere para los indocumentados.  

«Es resultado de un debate intenso y gratificante en torno a la situación del migrante y su familia, que tenía como objetivo diseñar modelos y políticas públicas que impacten en su bienestar».

«La migración es un fenómeno complejo que impacta a las comunidades de donde surge, así como por las que transitan y en las que finalmente se establecen los migrantes. Impacta en todos los aspectos y es impactada por políticas que buscan limitar los servicios de las personas en esta situación».

Dicho ello Luis Torres-Hostos investigador de la Universidad del Valle de Río Grande, Colombia como para Zúñiga Coronado es digno de resaltar la contribución que se hace en el primer apartado de la obra sobre las necesidades y problemáticas de los migrantes y sus familias, al igual que las dificultades que se les presentan y cómo sobrellevan la salud física y mental.

Ya que analizar los problemas sociales del 2020 en Congreso Nacional es importante, pues los principales efectos se tienen en la salud física y mental (del migrante), esta situación no está siendo atendida como debería, sin olvidar la cuestión de la defensa de los derechos humanos.

«Hay que ver el punto de partida para todos los trabajadores sociales ya que nos da pie para la creación de programas sociales por las dificultades que afrontan los migrantes«.

«Hay formas de acción y lo que nosotros exponemos nos permite encontrar formas de intervención a través de la reflexión teórica, de ahí la importancia del tema migratorio en las universidades y la importancia en la relación binacional en la academia, ya que tiene que ser una realidad práctica», indicó.

Urgieron así que se dé un trabajo de alto nivel de investigación y que su principal beneficio radica en que permite mapear y tener una utilidad inmediata para resolver problemas.

«Hay que destacar que  durante la reconfiguración neoliberal de las universidades públicas y la introducción de controles de eficiencia académica, mediciones de nuevas formas de dar estímulos, nos hemos perdido en discursos de éxito».

LAS MADRES SUFREN MÁS  

Dentro de este peregrinar de indocumentados Karla Rodríguez Nevárez, egresada de maestría de Trabajo Social de la UANL, dijo que esta  situación que atraviesan mujeres centroamericanas al viajar hacia Estados Unidos son las que más sufren.

Y es que en la búsqueda del sueño americano de los migrantes de Centroamérica que pasan por México es cada vez más complicado. Prueba de ello son ocho mujeres migrantes de Honduras y Guatemala que relataron sus vivencias en torno a los cuidados, el significado y las emociones que conlleva su viaje hacia Estados Unidos siendo madres y estando acompañadas de sus hijos.

Las experiencias fueron plasmadas en la tesis de maestría «Maternidad en tránsito: migrantes centroamericanas acompañadas de menores».

 «Se hicieron entrevistas a ocho mujeres en albergues del área metropolitana de Monterrey e identificamos tristeza, miedo, culpa e incluso felicidad y además vimos esta parte de la carga de ser ellas las que proveen los alimentos y no cumplir hasta cierto punto con su rol de madre».

«Y en los cuidados, vimos que cuando un hijo se les enfermaba -generalmente del estómago-, gestionaban esta parte de manera informal, es decir, no acudían con un doctor, sino que se apoyaban con otras mujeres migrantes o iban casa por casa pidiendo ayuda», refiere Karla Rodríguez Nevárez.

En cuanto a las mamás, casi todas eran menores de 30 años de edad. La más joven era de 19 y la más grande de 40 años.

«Su objetivo era llegar a Estados Unidos y algo que encontré fue como una maternidad multinacional, ya que la mayoría tenía hijos en su país de origen, más los infantes con los que venían transitando y además los hijos que estaban en Estados Unidos y con quienes querían reunirse»,  señala la joven originaria del estado de Durango.

Además, el trabajar por largas jornadas en su país de origen para conseguir el sustento para su familia era un factor que influía para que la convivencia entre madres e hijos no fuera la deseada.

«Algo de lo que me di cuenta es que casi todas las mujeres laboraban en un empleo informal, pero al momento de estar transitando por México, como que el vivir esta ‘aventura’ migratoria y convivir el día a día con sus hijos y llegar a una casa del migrante, bañarse en el río y pedir dinero en las calles, esta alegría o felicidad la manifestaban las madres cuando las entrevistaba», menciona Rodríguez Nevárez.

Y es que el peso de ser la mujer y tener que alimentar a sus hijos y cuidarlos fue algo que expusieron las migrantes sobre el significado de la maternidad.

Al no poder satisfacer o complacer a los infantes en su alimentación y sentir por ello que no cumplían a cabalidad su rol de mamá, nacía en ellas un sentido de culpabilidad.

 «Aquí la cuestión era que las madres alimentaban a sus hijos, ya fuera con comida que les daban en la calle o alimentos que les brindaban en los albergues, pero como la comida era arroz con atún, el niño ya no quería consumirla o no le gustaba, y aquí entraba una parte tanto significativa como emocional en las mujeres migrantes de no poder complacer o satisfacer a sus pequeños», detalla Rodríguez Narváez.

Dicho ello Karla Rodríguez Nevárez, en el tema migratorio dijo que hay mucho por explorar, sobre todo porque en los últimos años se ha presentado un mayor número de casos en que estos grupos de personas viajan casi con sus familias completas.

 «Los albergues o las casas del migrante están acondicionados para los hombres, porque cuando entrevisté a la madre de la bebé de cinco meses, en ese momento la pequeña estaba enferma del estómago debido a que la leche que proporcionaban en el albergue no era para su edad. Entonces pude percibir que estos lugares no están hechos para las mujeres ni para los infantes».

Incrementan capacidad

Es de subrayar que en este tema la Casa Indi ampliará sus instalaciones y contará con mil espacios más para migrantes

Y es que ante la presencia actual de mil haitianos, en un espacio donde lo caben 600 personas y ante el arribo más de mil almas más, se busca tener con un nuevo espacio contará con tres pisos y podrá dar cabida a más de mil migrantes. La conclusión del proyecto está programada para finales del 2022

Y es que tras ser el albergue principal de haitianos luego de su arribo a esta ciudad, ahora Casa Indi anunció que en enero comenzará la construcción de un edificio de tres pisos que tendrá cabida para más de mil migrantes.

Para ello se hacen sinergias con el sector empresarial local como en este caso Ricardo José Garza Rodríguez, presidente del Consejo Directivo de la Institución, que adelantó que esperan terminar dicho inmueble para finales del año entrante.

«La inversión total es de alrededor de 49 a 50 millones de pesos, van a ser tres pisos», anticipó.

Es así que el padre Felipe de Jesús Sánchez Gallegos, director y fundador de Casa Indi, que la institución comenzó como un sueño de albergar a personas vulnerables cuando vio fallecer a una a causa del frío.