Por Carlos Chavarría

Desde la época de los conflictos económicos del mundo en la segunda parte del siglo XX se ha creado un falso dilema [http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1665-952X2005000100007] que algunos neokeynesianos latinoamericanos siguen utilizándolo como razonamiento para justificar el aumento del gasto publico indiscriminado, ellos aducen en síntesis que “un poco de inflación no es tan malo cuando se trata de impulsar las economías”.

Argentina y Venezuela son los casos más recientes que ejemplifican el repetido y nefasto ejercicio  de aumentar la emisión primaria y las deudas de los gobiernos para aumentar el gasto social transferista, que consiste en entregar dinero a públicos electorales de interés para los populistas de turno en el poder.

Argentina y Venezuela se subieron al boom de las materias primas y amparados en eso incrementaron sus deudas para adelantar en sus programas sociales y provocar una sincronía con sus procesos electorales que les permitiera cada vez mas apoyo popular para expandir sus poderes, incluso mas allá de sus constituciones, como fue el caso de la revolución venezolana sin forma.

De hecho en Argentina como en México existe suficiente experiencia con los excesos de la política social y sabemos que siempre concluyen en colapso porque las deudas hay que pagarlas y por más que se enarbole la bandera del nacionalismo y la soberanía respectiva ningún país se puede aislar como táctica para no pagar lo que se pidió para el “bienestar del pueblo”.

Nada tiene de malo el gasto social cuando se dirige a incrementar el activo social, por ejemplo, vía servicios de salud, educación o vivienda, porque tienen efectos multiplicativos muy importantes, pero regalar dinero a partir de elevación de deudas [https://www.cefp.gob.mx/publicaciones/nota/2022/notacefp0032022.pdf] y/o precios de materias primas domésticas es crearse un hoyo que solo puede terminar mal, habida cuenta de los limites físicos para el endeudamiento y la tremenda volatilidad de los precios de las segundas. En México bien que sabemos de eso y sobre todo de lo poco fiel de los precios del  petróleo.

Viene al caso porque ya estamos metidos en la hiperinflación y aunque existe un componente de la misma que nos llega vía las importaciones de productos, servicios y energía de las que dependemos, los gobiernos de los tres niveles, federal, estatal y municipal [https://www.cefp.gob.mx/publicaciones/documento/2022/cefp0012022.pdf], usan otro motor de su gasto corriente abusando del aumento de las deuda de sus jurisdicciones para sostener lo que no se puede en épocas como la que vivimos cuando no hay crecimiento económico [https://www.cefp.gob.mx/publicaciones/documento/2021/cefp0572021.pdf].