Por Carlos Chavarría

Fue muy lamentable atestiguar la reacción de nuestro presidente ante el ofrecimiento de los EEUU de una enorme recompensa ofrecida en diciembre pasado por aquel país por la captura de los hijos del Chapo.

Esos mismos hijos del traficante, hoy preso en aquel país, cuando aquí el propio gobierno se decidió a suspender un operativo para su captura en virtud de la estrategia de “abrazos y no balazos” que ha sido la norma de López Obrador ante el problema de la inseguridad.

El presidente se refirió al asunto en su mañanera declarando despectivamente: “…ellos (el gobierno estadounidense) están muy preocupados por una droga que consumen por allá, el fentanilo, que ha provocado ya como 100,000 muertes y por eso su reacción…”. Como si por nuestras tierras no fuera trágico el consumo de drogas y los efectos del crimen asociado.

No se necesita ser un super analista político para entender que la oferta de recompensa de los EEUU por esos pillos es un mensaje más que claro que indica desaprobación de la estrategia de “hacer y dejar hacer” que ha seguido esta administración mexicana en el asunto de la seguridad.

Por supuesto que para el ciudadano común y corriente, un muerto es noticia y 100,000 serán solo estadísticas, pero no para un jefe de Estado de un país que ha pagado muy caro los yerros de los encargados de seguridad nacional de su administración y de las anteriores.

Sin quererlo como objetivo, el presidente echó a andar el motor de la “colombianización” de México y es muy seguro que surgirán más y más grupos paramilitares vinculados al tráfico de drogas como método para someter al Estado mexicano y destruir la paz de nuestro país.

El presidente está metiendo demasiados fierros al fuego en su prisa por tratar al mismo tiempo de consolidar un marco ideológico sin forma, frente a problemas cuyas soluciones lo confrontarán con las debilidades que está creando en el entorno de sus poderes.