COMUNICACIÓN EN LÍNEA 

Por Omar Cervantes Rodríguez

Comenzamos de nueva cuenta un año en medio de una crisis por la pandemia del Covid19 en el mundo y por supuesto todo tipo de especulaciones, teorías conspiracionistas, diversos enfoques científicos, una permanente polarización política y cualquier cantidad de enfoques mediáticos, lo que en conjunto constituye un caos de información o desinformación que cada vez genera más confusión y en la que uno termina preguntándose, y los ciudadanos ¿qué?

Como si volviéramos a comenzar ante un fenómeno desconocido, como se presentó al mundo el SARSCOV2 en el 2020 y del cual fuimos aprendiendo todos lentamente a prueba y error, las nuevas variantes de lo que se ha llamado una cuarta ola parecen sorprendernos y de pronto, como si las experiencias previas no hubieran servido de nada, nuevamente el centro de la discusión es ¿qué hacemos para cuidarnos y qué debe hacer el gobierno para enfrentar este momento?

El desgaste a los sistemas de salud pública, el aparente vacío de un liderazgo mundial que nos señale la ruta y que no parezca que el planeta entero está reaccionando de manera improvisada ante lo desconocido, los efectos secundarios de la pandemia en lo social, lo económico e incluso en la salud mental de las personas, vuelven a generar un caos en el que nadie quiere pagar el precio de la responsabilidad.

Los ciudadanos exigiendo que los gobiernos nos digan qué hacer, ¿qué se puede y qué no se puede?, como si no tuviéramos criterio propio para elegir cómo cuidarnos ante toda la información que se nos ha proporcionado; los medios, dependiendo de su línea editorial, apoyando algunas medidas y reprobando otras, como dándoles línea a los gobernantes; el sector productivo cuidando que los intereses económicos no resulten más castigados y una enfermedad, que al menos en las estadísticas, está ahora resultando de mucho más propagación contagiosa, aunque dicen, menos nociva que las primeras cepas.

La realidad es que, en el desconcierto mundial y la aparente falta de acuerdos de políticas públicas en México, mientras vemos cómo los picos de contagios son los más altos desde que el virus llegó a nuestro país, los ciudadanos tendríamos que tomar nuestras propias decisiones y jugar un papel de corresponsabilidad ante los acuerdos de las autoridades competentes.

Tal como sucedió en el caso de Nuevo León y como sucede ya en algunos otros lugares de México, la autoridad está cumpliendo con los programas de vacunación, en los que por cierto el libre criterio sí se aplica, están monitoreando permanentemente el virus, se toman las medidas hospitalarias correspondientes, se difunden las medidas de prevención de manera masiva y ponen en el centro de la elección a cada uno de los ciudadanos.

Si cada uno elige vacunarse o no, si decide mandar a sus hijos a la escuela o no, si opta por el trabajo a distancia o no, si cumple las medidas sanitarias obligadas o no lo hace, es decisión libre y personal. Dejemos de echarle la responsabilidad total y absoluta al gobierno y juguemos un papel más activo en el cuidado, autocuidado y cuidado social que todos debemos procurar. Y que las administraciones públicas den resultados en lo que legalmente les corresponde.