Por Francisco Tijerina Elguezabal

“Es tan difícil decir la verdad como ocultarla.” // Baltasar Gracián

He tenido la dicha de vivir una era apasionante de la humanidad, el vertiginoso devenir de la tecnología en su máxima expresión al servicio del hombre; he caminado de la mano con impensables inventos y avances que nos facilitan la vida y nos ubican en planos nunca antes imaginados.

Por ello es que en ocasiones me cuestiono el por qué a pesar de tanta modernidad no somos capaces de resolver problemas que diese la impresión que pudiesen ser sencillos en el marco de los avances tecnológicos.

Tal vez, y digo tal vez, sea porque en realidad quienes los enfrentan no desean de verdad arreglar las cosas, sino que en realidad les conviene mantenerlas como están ya que de esta forma mantienen intactos sus intereses personales.

¿Es creíble que una urbe como la de Monterrey no cuente con un servicio moderno y eficiente de transporte público? ¿Por qué a pesar del crecimiento exponencial de la mancha urbana no hemos sido capaces de comprender la imperiosa necesidad de hacer crecer nuestro transporte urbano?

Hay cuestiones que por mucho que me quiebro la cabeza no logro entender.

Por ejemplo, de siempre se ha dicho que tenemos un transporte insuficiente que no cubre la demanda en horas pico. Desde niño y en mi juventud me tocó viajar materialmente colgado de la puerta de un camión o en las atestadas “peseras” que eran como latas de sardinas con bancos de madera en las que en ocasiones la mitad de los ocupantes iban en cuclillas porque no había un asiento disponible.

Pasan los años y sigo viendo los camiones igual, atestados de pasajeros que para poder subir forman largas filas. En los tiempos recientes y ante la negativa de aumentar el precio del pasaje o por efecto de la pandemia, vaya usted a creerles la mejor versión a los prestadores, el número de unidades se ha reducido, de forma que si hace muchos años era lo habitual, hoy han encontrado pretexto para que las cosas sigan exactamente igual.

Escucho a diario en los noticieros de radio y televisión y leo en los periódicos y portales la queja permanente de los usuarios que denuncian la tardanza en que pasen las unidades en un mismo punto, llegando a lapsos que alcanzan una hora o más entre una y la siguiente unidad.

Viendo lo anterior, no me puedo explicar de qué manera es que dos unidades de la misma ruta pueden chocar entre sí, como ocurrió hace apenas unos días y como ha ocurrido también siempre, por esa competencia entre choferes por levantar más pasaje que no es alimentada por nadie más que por los propietarios de las rutas.

¿De verdad será tan complicado dotar a los camiones de un sistema GPS y monitorear su ubicación en tiempo real para ser capaces de, con un económico sistema de intercomunicación vía radio o teléfonos celulares, ponerles orden y sistematizar la frecuencia de paso? ¿Cuánto puede costar esta solución? ¡Nada!

Más que andarse comprando camiones o inventando el agua tibia y el hilo negro, la autoridad bien podría exigir a los concesionarios y permisionarios el cumplimiento exacto del número de unidades en operación sustentado en la demanda de pasaje y además un sistema como el antes planteado que se cumpla a pie juntillas para que los usuarios tengan certeza de que el siguiente camión pasará por ese punto en tantos minutos.

Sí, hay que reconvertir todo, rediseñar las rutas y hacer muchas cosas, pero por piedad, empecemos por algo que sí se pueda hacer y esto que propongo es económico, sencillo y fácil de implementar.

¿Es tan difícil?

ftijerin@rtvnews.com