Por Erika González Ehrlich

Hasta hace poco más de tres años, las prioridades de los gobiernos en México fueron definidas por los intereses de grupos con poder económico, sosteniendo la teoría de que los beneficios económicos y sociales llegarían como una consecuencia de que los negocios de unos cuantos fueran exitosos.

Así terminamos en una situación donde el 10% de la población posee el 97% de la riqueza del país y el 99% de los mexicanos luchan todos los días para poder arrebatarse el 3% que queda disponible y donde la tercera parte del Producto Interno Bruto de México pasa por las cuentas bancarias de 40 personas.

En el estado de Nuevo León viven algunos de los habitantes más ricos del país y se precian de que su entidad es de las más prósperas de toda la nación; sin embargo, ahí existen 1 millón y medio de personas que viven en situación de pobreza y casi la mitad de los 6 millones totales de neoleoneses sufre por lo menos de una carencia social.

La tercera parte de ellos no cuenta con seguridad social y uno de cada cinco no tiene acceso a servicios de salud. Hay 230 mil regiomontanos que carecen de agua en sus casas o de algún otro servicio básico como drenaje o energía eléctrica. En el estado que se jacta de tener la población más trabajadora del país, casi uno de cada 10 vive en pobreza extrema y uno de cada tres en pobreza moderada.

Con una situación como esa, cualquiera que presuma de la pujanza de la población, pensaría que la orientación de las prioridades de sus nuevos gobiernos, se concentraría en lograr que la vida de estos habitantes del estado mejorara para presumir de a de veras y con orgullo.

Sin embargo, la respuesta a esta situación del flamante gobernador neoleonés, emanado de Movimiento Ciudadano, fue anunciar como bombo y platillo la construcción de un nuevo estadio de futbol en el que va a invertir 6,500 millones de pesos. Una cantidad equivalente al 8% de las participaciones federales que recibirá Nuevo León este año, o por ejemplo, a construir 19 hospitales de primer nivel.

Por supuesto que esto no sorprende a nadie si consideramos la forma en la que el otro militante de ese partido ha gobernado en Jalisco y de hecho no tendría nada de malo si la administración de Samuel García estuviera ya invirtiendo cantidades similares en el desarrollo de la infraestructura que requieren esos neoleoneses, que a pesar de ser tan trabajadores viven en situación de pobreza.

En el corto tiempo que este gobernador ha estado en el cargo, sus publicaciones en redes sociales nos han deleitado con bonitos bailes norteños que realiza con su esposa, entretenidas historias de altruismo simulado, en donde ella levanta cajas vacías en una bodega para donar regalos de navidad para niños pobres, o cuando entra a la oficina de su marido enfundada en un disfraz de Cenicienta y demás historietas palaciegas Región 4, de refinado gusto que sólo se puede encontrar en algunos videos tejanos de TikTok.

La peor de estas simulaciones por sus implicaciones, fue haber extraído de una casa hogar del DIF, a un pequeño discapacitado durante un fin de semana y exponerlo a través de sus redes sociales, para utilizarlo como un medio de promoción de la imagen de este matrimonio, incurriendo en el delito de trata de personas.

Estas son las prioridades de un gobierno encabezado por un sujeto sin conciencia, que ha decidido excluir a la mayoría de los habitantes de su estado del desarrollo y el bienestar, como lo prometió durante su campaña.

Sería mejor que en lugar de difundir publicaciones irrelevantes dignas de una pareja inmadura y superficial, este gobernador tomara en serio su investidura, asumiendo su responsabilidad y cumpliendo con el encargo que le entregaron los habitantes de su estado.

Como dice el escritor escocés MJ Croan: “La madurez llega cuando tu mundo se abre y te das cuenta de que no eres el centro de él”.